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Para evi­tar que el delin­eador de labios se corra, nece­si­tas un poco de polvos y algo­dón. Aplica los polvos antes de delin­ear los labios, espar­ciendo bien el exceso que quede fuera de las comisuras.

Esto elim­ina la humedad nat­ural de los labios, y hace que la pin­tura se adhiera mejor al con­torno, sin salirse de su línea natural.

(Esas bocas maquil­ladas por fuera son de los años 40, y defin­i­ti­va­mente ya no se usan).

El color del lápiz deberá armo­nizar con su ves­tu­ario, pero recuerde que su primera con­sid­eración debe ser su col­orido natural.

Ter­mine con una apli­cación de brillo labial sola­mente en el labio infe­rior, o en el cen­tro de ambos, para una apari­en­cia más carnosa.

No se olvide de reto­carse los labios con brillo después de las comidas.

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