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Las redes tele­fóni­cas se colap­sarían e Inter­net se volvería increíble­mente lento, por ejem­plo.

Exper­tos añaden que ser­vi­cios que hoy resul­tan esen­ciales se detendrían.

En la economía euro­pea, sola­mente, rep­re­senta inver­siones por valor de 20.000 mil­lones de euros y da empleo directa o indi­rec­ta­mente a más de 200.000 per­sonas de alta cual­i­fi­cación.

«Sería una pesadilla», cuen­tan, a la vez que expli­can todos los ser­vi­cios que se perderían si un día dejasen de fun­cionar nue­stros satélites.

El GPS ya no recibe ninguna señal y te pierdes con el coche, no puedes lla­mar a nadie porque el móvil no fun­ciona e incluso la elec­t­ri­ci­dad llega con difi­cul­tades a tu casa. No es el fin del mundo pero se le parece: Es un día sin satélites, esa infraestruc­tura lejana que vela por el orden en la tierra.

«Un mundo sin satélites sería una pesadilla. El mundo, la sociedad, la economía, en muchos países del mundo, sim­ple­mente se detendrían», explicó esta sem­ana el vicepres­i­dente de la Aso­ciación Euro­pea de Oper­adores de Satélites (ESOA) y con­se­jero gen­eral de Eutel­sat, Michel de Rosen, con motivo del primer día europeo ded­i­cado a los satélites.

Las activi­dades de socorro se detendrían, muchas fábri­cas dejarían de fun­cionar, cien­tos de mil­lones de con­duc­tores usuar­ios de la tec­nología GPS se perderían, no se podrían efec­tuar muchas opera­ciones en mer­ca­dos financieros y la defensa de la may­oría de los países quedaría com­ple­ta­mente al des­cu­bierto.

«Los satélites no sólo ofre­cen la trans­misión de la tele­visión o la pre­visión del tiempo, sino que tam­bién pro­por­cio­nan la pre­cisa ref­er­en­cia tem­po­ral que está detrás de tan­tas otras redes de comu­ni­ca­ciones», señaló la sec­re­taria gen­eral de ESOA, Aarti Holla Maini. Aludió tam­bién a las redes eléc­tri­cas de cada país, que sin­cronizan la hora por satélite, o incluso los mer­ca­dos financieros o los servi­dores infor­máti­cos y cen­tros de datos.

«Todas estas cosas se desacel­er­arían o incluso se pararían de golpe, la cal­i­dad de los ser­vi­cios se volvería tan pobre, que la sociedad ya no fun­cionaría ade­cuada­mente», ase­guró.

En ese mundo sin satélites, además, las redes tele­fóni­cas se colap­sarían e Inter­net se volvería increíble­mente lento, hasta el punto de que en dos o tres días dejaría de fun­cionar.

«Hay muchas apli­ca­ciones invis­i­bles que garan­ti­zan los satélites de las que la gente no llega a darse cuenta», resumió Holla Maini.

Además de desem­peñar un papel fun­da­men­tal en la vida cotid­i­ana, el sec­tor tiene un impor­tante peso en la economía euro­pea: rep­re­senta inver­siones por valor de 20.000 mil­lones de euros y da empleo directa o indi­rec­ta­mente a más de 200.000 per­sonas de alta cual­i­fi­cación.

Los satélites tam­bién son vitales para el despliegue de opera­ciones de emer­gen­cia, tanto por su capaci­dad de tomar imá­genes como por ofre­cer la única vía de comu­ni­cación cuando las redes ter­restres han quedado destru­idas en un desas­tre.

«En un ter­re­moto como el de Haití (de 2010), sin satélites no habría ninguna infraestruc­tura ter­restre y tam­poco comu­ni­ca­ciones, y no podría situar a mi gente sobre el ter­reno para sal­var vidas, recon­struir las casas o recrear el sus­tento para las víc­ti­mas del desas­tre», explicó el direc­tor gen­eral de Ayuda Human­i­taria y Pro­tec­ción Civil de la Comisión Euro­pea, Claus Sorensen.

En su opinión, los satélites ofre­cen un «apoyo desde el cielo», que en zonas sacu­d­i­das por un desas­tre o un con­flicto con­sti­tuye «la única línea de vida» con los tra­ba­jadores human­i­tar­ios desple­ga­dos sobre el ter­reno.

Para De Rosen, «mucha gente infraval­ora el hecho de que los satélites son ahora parte de nues­tra vida diaria, y nues­tra vida cotid­i­ana sería mucho peor, mucho más inefi­caz, sin ellos».

Para garan­ti­zar que los satélites siguen con­tribuyendo a man­tener el orden en la vida diaria, los oper­adores europeos instaron hoy a las autori­dades de la Unión Euro­pea a apos­tar por la neu­tral­i­dad tec­nológ­ica.

Tam­bién pidieron crear igual­dad de condi­ciones para fomen­tar un «ade­cuado mix de comu­ni­ca­ciones» entre las tec­nologías ter­restres y la satelital.

«No esta­mos com­pi­tiendo con esas otras tec­nologías, sino com­ple­men­tán­dolas», ase­guró De Rosen, al tiempo que recordó que para ello es nece­sario que las apli­ca­ciones ter­restres no inter­fieran en el espec­tro radioeléc­trico que pre­cisan los satélites.

Desde su punto de vista, sin los satélites, que pueden garan­ti­zar un acceso más barato a la banda ancha en lugares rurales o remo­tos que por medio de las redes de fibra, no se cumplirán los obje­tivos de la Agenda Dig­i­tal euro­pea para 2020.

«Creemos que ten­emos el telé­fono garan­ti­zado, o Inter­net, y nos lev­an­ta­mos por la mañana pen­sando en cono­cer qué tiempo hará», indicó la sec­re­taria gen­eral de ESOA, quien advir­tió de que esa situación cotid­i­ana estaría en peli­gro sin el ser­vi­cio de los satélites.

vía: blos­g­p­sot

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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez

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