1÷21÷2016
Nestor Vin

Los des­cubri­dores la han bau­ti­zado como la “Wood Wide Web”. Esta red orgánica fun­ciona muy pare­cida a lo que cono­ce­mos como Inter­net, per­mi­tiendo que las plan­tas se comu­niquen, otorguen com­puestos nutri­entes, o incluso para dañarse entre ellas.

La red está com­puesta por finos hilos de hon­gos cono­ci­dos como Mice­lios, que cre­cen hacia el exte­rior hasta un metro de su planta “mas­ter”, sig­nif­i­cando esto que es muy prob­a­ble que toda la vida de la planta pase a través de esta red y estén conec­tadas con las demás de la zona.

La aso­ciación de las raíces de las plan­tas y los hon­gos se conoce como Micor­riza y es ben­efi­ciosa para las dos partes impli­cadas. Las plan­tas pro­por­cio­nan hidratos de car­bono para los hon­gos y, a cam­bio, los hon­gos ayu­dan en la recolec­ción de agua y en aportes de nutri­entes, como el fós­foro y el nitrógeno para su planta “mas­ter”. Esta red de hon­gos per­mite que las plan­tas ayu­den a otras en el crec­imiento y florecimiento.

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Suzanne Simard, de la Uni­ver­si­dad de British Colum­bia, fue la primera en mostrar que los árboles como el Abeto Dou­glas era capaz de trans­ferir car­bono a los árboles más pequeños que podían no estar reci­bi­endo sufi­ciente luz solar, per­mi­tiendo así que crez­can a la som­bra de otros árboles. Simard cree que muchas de las plan­tas del mundo no serían capaces de sobre­vivir si no fuera por la exis­ten­cia de esta red natural.

Avi­sos entre ellas.

Un estu­dio real­izado por Ren Sen Zeng, de la Uni­ver­si­dad Agrí­cola de China Merid­ional, encon­tró que esta inter­conec­tivi­dad tam­bién per­mite que las plan­tas se advier­tan mutu­a­mente de una ame­naza poten­cial. En el estu­dio, el equipo hizo cre­cer plan­tas de tomate, plan­tando ceca de algu­nas de ellas hon­gos Mice­lios. Cuando las redes de hon­gos se habían for­mado, una planta de cada par fue roci­ado con Alternaria solani, un hongo que causa la enfer­medad del tizón en la fase tem­prana de vida de la planta. Bol­sas de plás­tico her­mético se uti­lizaron para ase­gu­rar que no hubo inter­ac­ción por encima del suelo.

Después de 65 horas, el equipo trató de infec­tar a la segunda planta de cada pareja, y encon­tró que aque­l­las que tenían los enlaces con los Mice­lios fueron mucho menos propen­sas a con­traer la plaga y tenían nive­les mucho más bajos de daños en com­para­ción con las plan­tas que no tuvieron relación en la red natural.

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Otro estu­dio hecho por David John­son, de la Uni­ver­si­dad de Aberdeen, mostró que las habas tam­bién uti­lizaron la red de hon­gos para adver­tirse las unas a las otras de algún inmi­nente peli­gro. Una de las plan­tas fue expuesta a los Áfi­dos, que se ali­menta­ban de las hojas de estas plantas.

Las que esta­ban conec­tadas a través de los Mice­lios comen­zaron a exc­re­tar sus defen­sas quími­cas con­tra los Áfi­dos, mien­tras que los que no esta­ban conec­tadas no tuvieron ninguna reacción.

fuente/selectanews.com

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