Martha Bar­ragán

Sem­Méx­ico. 25 de febrero 2019.- Amo tan­tas cosas de Roma, las his­to­rias del cast­ing de cada actor o actriz empezó a con­tar la película, así el gran artista cineasta Alfonso Cuarón fue a la zona mix­teca de Oax­aca a Tlax­i­aco, y con todo el com­pro­miso de su corazón buscó a su nana, y ver el pare­cido de Yal­itza Apari­cio con ella me pone la piel de gallina.

Amo tanto el pro­ceso cre­ativo y el com­pro­miso de con­tar esta his­to­ria de amor y la hon­esti­dad de plas­marla así como era la real­i­dad de Cleo, silen­ciosa, invis­i­ble, engañada, las­ti­mada pero al mismo tiempo amorosa, dulce, com­pro­metida, entre­gada, tanto que marcó el corazón del cineasta y le hace este magis­tral hom­e­naje a ese amor que da una nana, mujeres que se vuel­ven parte del mundo de los niños y las niñas. Así como lo hacen nues­tras maes­tra o mae­stros. Aquí queda per­fecta la frase «Mané­jese con cuidado (niños o niñas), con­tiene sueños», Cleo cuidó de tal man­era a Alfonso que aquí está conc­re­tando un sueño.

He leído muchos análi­sis y reflex­iones en torno a Roma y algo que no he visto plas­mado es la his­to­ria de todas las pér­di­das de las mujeres, la soror­i­dad. Es como si se abrazaran bajo una llu­via de bal­a­zos ante las injus­ti­cias, el machismo, la desigual­dad, el miedo, el abuso, esa sen­sación de no saber si se sal­drán con vida, Pero la vida con­tinúa con culpa, con miedo, con incer­tidum­bre pero juntas.

Fue tan del­i­cada la forma en que trató esa pér­dida de Cleo, tan com­pli­ca­dos los sen­timien­tos frente a una espera no deseada.

Mar­avil­losa la actuación de Yal­itza, nos cuenta tanto con la cor­po­ral­i­dad de las mujeres indí­ge­nas que nos sacude la con­cien­cia de esa vieja deuda que ten­emos con el pleno reconocimiento de nues­tras raíces, de mostrar orgullo de nues­tra diver­si­dad étnica y cul­tural, de la desigual­dad social, del clasismo.

Cele­bro la nom­i­nación de Yal­itza Apari­cio, pues con ello puso un poderoso espejo de cómo somos las y los mex­i­canos frente a nue­stros indígenas.

Gra­cias Yal­itza por tu entrega para con­tar esta his­to­ria, gra­cias Alfonso por con­tarnos una his­to­ria de corazón y con corazón.

Reit­ero, en Méx­ico hay tanto tal­ento que no nece­si­ta­mos dádi­vas… SOLO QUER­E­MOS OPORTUNIDADES.















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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez













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