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A ese gran par­tido que nadie puede ase­gu­rar cuando apare­ció ni cuándo se irá pero que en cualquier elec­ción siem­pre está pre­sente; a ese gran par­tido que opera sin reg­istro pero que el IFE no lo puede san­cionar; a ese gran par­tido que no tiene asig­nado pre­supuesto alguno, pero que sin él sus resul­ta­dos son ópti­mos; a ese gran par­tido que no real­iza cam­paña alguna, pero que su por­centaje de pref­er­en­cia siem­pre está por arriba de los demás par­tidos; a ese gran par­tido que tiene por acér­rimo ene­migo las urnas, pero que no invita a no ir a ellas; a ese gran par­tido que tiene como su prác­tica prin­ci­pal el veletismo —de veleta — , se mueve según lo hagan los demás par­tidos, pero que siem­pre aparece en el lado cor­recto; a ese gran par­tido al que la may­oría pertenecen, pero que todos nie­gan pertenecer a él; a ese gran par­tido que no nos cuesta un solo cen­tavo, pero que mien­tras más se aparece, hace gas­tar más a los demás par­tidos; a ese gran par­tido sin estruc­tura orga­ni­za­tiva ni admin­is­tra­tiva, pero que su oper­abil­i­dad es exacta, es de exce­len­cia; a ese gran par­tido, que cuando uno habla de él a los líderes de los par­tidos políti­cos los irrita y los pone a tem­blar, haciendo que al otro día les aparez­can adornos —ojeras — en la cara, pero que él sigue impávido, real­ista y tri­un­fador; a ese gran par­tido al que los demás par­tidos no vol­tean a ver, lo igno­ran, pero que ganarían cualquier elec­ción si hicieran lo posi­ble por bajarle su por­centaje de pref­er­en­cias; a ese gran par­tido que no acos­tum­bra prác­ti­cas usuales de otros como: dar despen­sas, lámi­nas, refresco y torta, com­pra de vol­un­tades, acarreo de votantes, el car­rusel, prom­e­ter por prom­e­ter, ame­nazar con expul­sarlo de los pro­gra­mas de asis­ten­cia social, dinero en efec­tivo o bien valerse de líderes sindi­cales para ame­nazar con despido si no votan por x par­tido, pero que si lo hiciera, sus nive­les de pref­er­en­cia no por esto subirían.

A ese gran par­tido que debiera mere­cer los máx­i­mos elo­gios por sus altos por­centa­jes en todas las vota­ciones, pero, que hac­erlo, es aten­tar con­tra la democ­ra­cia; a ese gran par­tido que si tuviera reg­istro, su nom­bre sería EL PAU —-Par­tido del Abs­ten­cionismo Uni­ver­sal — -, pero que su por­centaje de pref­er­en­cias se reduciría a nive­les cat­a­stró­fi­cos, lle­gando quizás a la nada, al punto donde debiera estar.

A ese gran par­tido, SEÑO­RAS Y SEÑORES CAN­DIDATOS, es al que deben vencer en las próx­i­mas elec­ciones, de ust­edes depende la for­t­aleza o debil­i­dad de ese gran par­tido; en ust­edes está la decisión de cam­biar y fre­nar sdu avance. Es claro que con unos pun­tos por­centuales de ese gran par­tido, ust­edes can­didatos, pueden ganar cualquier elec­ción, su tri­unfo en las urnas depende de lo que le quiten al PAU, der­roten al gran par­tido y ust­edes ganarán

CIU­DADANO: en las próx­i­mas elec­ciones , DI NO AL PAU, acude a votar.


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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez

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