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Hoy martes 4 de este que se con­sid­era el mes más ale­gre, Diciem­bre, será bueno que recordemos que en el año de 1563, en Italia y diecio­cho años después de haberse inau­gu­rado, se clausura el Con­cilio de Trento del que surge el reforza­miento de la autori­dad del Papa, una nueva ori­entación de la Igle­sia y la afir­ma­ción de la tradi­ción de los Padres de la Igle­sia con­sumando la rup­tura con los países protes­tantes. Evi­den­cian que existe una gran fuerza reli­giosa y una fiel defensa de los prin­ci­p­ios inmuta­bles del cris­tian­ismo. Sus decre­tos fijarán el mod­elo de fe y la prác­tica de la Igle­sia hasta mitad del siglo XX. . Fue un con­cilio ecuménico de la Igle­sia católica desar­rol­lado en peri­o­dos dis­con­tin­uos durante vein­ticinco sesiones entre los años 1545 y 1563. Tuvo lugar en Trento, una ciu­dad del norte de la Italia actual, que entonces era una ciu­dad impe­r­ial libre regida por un príncipe-​obispo. Pablo III intentó reunir el con­cilio primero en Man­tua, en 1537, y luego en Vicenza, en 1538, al mismo tiempo que nego­ciaba en Niza una paz entre Car­los V y Fran­cisco I. Tras diver­sos retra­sos, con­vocó en Trento (Italia) un Con­cilio Gen­eral de la Igle­sia el 13 de diciem­bre de 1545, que trazó los alin­eamien­tos de las refor­mas católi­cas (luego cono­ci­das como Con­trar­reforma). En la primera sesión se contó con la pres­en­cia de vein­ticinco obis­pos y cinco supe­ri­ores gen­erales de órdenes reli­giosas. Las reuniones, que sumaron en total 25, con sus­pen­siones esporádi­cas, se pro­lon­garon hasta el 4 de diciem­bre de 1563.

Mañana miér­coles 5 habre­mos de cono­cer que aquél año de 1933, en EE.UU. se deroga la «Ley seca» con la aprobación de la Enmienda 21 a la Con­sti­tu­ción, lo que pone fin a la pro­hibi­ción de fab­ricar bebidas alco­hóli­cas. Fue a prin­ci­p­ios de 1919 cuando otra Enmienda, la 18 pro­hibió la fab­ri­cación, venta y trans­porte de licores en los Esta­dos Unidos, dando pie al veloz desar­rollo del crimen orga­ni­zado. La pro­hibi­ción mostró total­mente inefi­ca­cia y la pre­sión pop­u­lar logró que final­mente se derog­ara.. En los Esta­dos Unidos había exis­tido desde el comienzo del siglo XIX un Movimiento por la Tem­planza (o Tem­per­an­cia), enten­dida primero como mod­eración en el comer y en el beber, luego como pro­hibi­ción total de con­sumir alco­hol, y final­mente como una con­dena de todo lo rela­cionado con el alco­hol, espe­cial­mente la indus­tria que lo pro­ducía y lo vendía. A lo largo del siglo XIX diver­sos líderes reli­giosos de igle­sias protes­tantes, pop­u­lares entre las masas anglosajonas del país, habían insis­tido públi­ca­mente en reg­u­lar el libre con­sumo de alco­hol, al cual cul­pa­ban de diver­sos males sociales.

Ya el jueves 6 será bueno que teng­amos en cuenta que cor­ría el año de 1876, el mil­lonario arqueól­ogo alemán Hein­rich Schlie­mann, que en 1870 des­cubrió las ruinas de Troya en la actual Turquía, des­cubre a 90 km al sudoeste de Ate­nas la primera de las cinco tum­bas de Mice­nas con abun­dantes y ricos ajuares funer­ar­ios pertenecientes a 20 cuer­pos allí inhu­ma­dos. Mice­nas es un yacimiento arque­ológico situ­ado en la penín­sula del Pelo­poneso. Se ha uti­lizado el nom­bre de Mice­nas para nom­brar al peri­odo de his­to­ria griega com­pren­dido entre el 1600 y el 1100 a. C. que se denom­ina históri­ca­mente micénico puesto que, tras los des­cubrim­ien­tos se pens­aba que Mice­nas ocu­paba una posi­ción de lid­er­azgo, pero otros estu­dios pos­te­ri­ores indi­can que prob­a­ble­mente la civ­i­lización se com­ponía de una serie de reinos inde­pen­di­entes. El yacimiento entre sus restos más vis­i­bles cuenta con los muros ciclópeos de las ruinas de la acrópo­lis y las con­struc­ciones funer­arias, como el lla­mado Tesoro de Atreo. Fue declar­ado, junto con el yacimiento arque­ológico de Tir­into, Pat­ri­mo­nio de la Humanidad por la Unesco en 1999.1

Para el viernes 7 será un buen día para tener en cuenta que en el año de 43a.C. Es eje­cu­tado acu­sado de ser ene­migo del Estado de Roma, Marco Tulio Cicerón, escritor, político y orador romano. Con una car­rera política más que notable, Cicerón fue cono­cido como orador y hom­bre de letras que escribió dis­tin­tos diál­o­gos sobre temas diver­sos. Hizo una breve car­rera mil­i­tar y ejer­ció tres años como abo­gado defen­di­endo a ciu­dadanos pri­va­dos. Con el propósito de con­tin­uar su for­ma­ción y estu­dios, viajó a Gre­cia y Asia. En el 77 a.C. regresó a Roma y comenzó su bril­lante car­rera política donde, en el 74 a.C., resultó elegido miem­bro del Senado
Es sábado 8 y recordemos que en 1965, se clausura en Ciu­dad del Vat­i­cano, el Con­cilio Vat­i­cano II, encar­gado de ren­o­var la Igle­sia Católica. Aunque se abrió siendo Papa Juan XXIII, lo clausura el Papa Pablo VI.

Hemos lle­gado al domingo 9 y será con­ve­niente que recordemos que en 1991 queda dis­uelta la Unión Soviética. Se piensa que la Unión Soviética es la suce­sora del Impe­rio ruso, no obstante pasaron cinco años entre el último Gob­ierno de los zares y la instau­ración de la Unión Soviética. El último zar, Nicolás II, gob­ernó el Impe­rio ruso hasta su abdi­cación en marzo de 1917 en la Rev­olu­ción de Febrero, en parte debido a la pre­sión de los enfrentamien­tos en la Primera Guerra Mundial, luego un breve Gob­ierno pro­vi­sional ruso tomó el poder, para ser der­ro­cado en la Rev­olu­ción de Octubre de ese mismo año por rev­olu­cionar­ios encabeza­dos por el líder bolchevique Vladímir Lenin. La Unión Soviética fue estable­cida en diciem­bre de 1922 como la Unión de las Repúbli­cas Social­is­tas Soviéti­cas de Rusia gob­er­nadas por par­tidos bolcheviques. A pesar de la fun­dación del Estado soviético como una enti­dad fed­er­a­tiva de muchas repúbli­cas con­sti­tuyentes, cada una con sus propias enti­dades políti­cas y admin­is­tra­ti­vas, el tér­mino «Rusia Soviética» —estric­ta­mente aplic­a­ble solo a la República Social­ista Fed­er­a­tiva Soviética de Rusia fue a menudo incor­rec­ta­mente apli­cado a todo el país por políti­cos y escritores no soviéti­cos El 28 de diciem­bre de 1922 en una con­fer­en­cia de del­e­ga­ciones plenipo­ten­cia­rias se aprobó el Tratado de Creación de la URSS y la Declaración de la Creación de la URSS, for­mán­dose la Unión de las Repúbli­cas Social­is­tas Soviéti­cas. Estos dos doc­u­men­tos fueron con­fir­ma­dos por el primer Con­greso de los Sóvi­ets de la Unión Soviética y fir­ma­dos por los cabezas de las del­e­ga­ciones Mijaíl Kalinin, Mijaíl Tsjakaya, Mijaíl Frunze, Grig­ori Petro­vski y Alek­sandr Chervyakov respec­ti­va­mente el 30 de diciem­bre de 1922. El 1 de febrero de 1924 la Unión Soviética fue recono­cida por el Impe­rio británico, y en ese mismo año se aprobó una Con­sti­tu­ción soviética, legit­i­mando la unión de diciem­bre de 1922.

Si, es así como lleg­amos al lunes 10 para cono­cer que en 1901, el rey de Sue­cia hace entrega en una gran cer­e­mo­nia de los primeros Pre­mios Nóbel que es un pre­mio hon­orí­fico otor­gado por el gob­ierno de Sue­cia, se otorga cada año a per­sonas que hayan hecho inves­ti­ga­ciones sobre­salientes, inven­tado téc­ni­cas o equipamiento rev­olu­cionario o hayan hecho con­tribu­ciones nota­bles a la sociedad. Los pre­mios se insti­tuyeron como la última vol­un­tad de Alfred Nobel, inven­tor de la dina­mita e indus­trial sueco, fir­mada en el Club Sueco-​Noruego de París el 27 de noviem­bre de 1895. Los pre­mios que dis­tribuye la Fun­dación creada por Alfred Nobel tien­den a rec­om­pen­sar a las per­sonas e insti­tu­ciones que más hayan con­tribuido al pro­greso y bien­es­tar de la humanidad en los cam­pos de la física, la química, la med­i­c­ina y la fisi­ología, la lit­er­atura , la paz y desde 1969 tam­bién se da el pre­mio de Economía en memo­ria de Alfred Nobel. Los Pre­mios Nobel son recono­ci­dos por una­n­im­i­dad como los más pres­ti­giosos pre­mios que se pueden recibir en estos ámbitos. La Fun­dación Nobel fue creada el 29 de Junio de 1900, cua­tro años después de la muerte de Alfred Nobel, el primer pre­mio fue otor­gado en 1901


RECUERDE QUE LEER ES SABER, ES CONO­CER, ES APREN­DER

















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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez













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