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El infierno, como todos sabe­mos, es el lugar al que lleva la luz roja que envuelve a quienes han muerto en este plan­eta lla­mado Tierra, porque cierto es que los que fal­l­e­cen en algunos otros plan­e­tas, deben tener su pro­pio infierno con su estruc­tura orga­ni­za­tiva, bueno y que por su com­por­tamiento en este mundo, han hecho méri­tos sufi­cientes para que la luz que los trans­porta, ya cuando se encuen­tra fuera de la atmós­fera, en vez de con­tin­uar por el camino por donde va la luz blanca que envuelve y trans­porta a quienes tienen como des­tino final el espa­cio lla­mado cielo, –esto después de haber hecho un tour por el Uni­verso – , viran hacia la derecha y a pocos min­u­tos, tiempo del espa­cio, lle­gan a un lugar no vis­i­ble porque una luz amar­illa impide ver al otro lado, pero que una vez traspasada el olor a azufre es el primer indi­cio de que se ha lle­gado al infierno.

Es con­ve­niente men­cionar que cuando alguien fal­l­ece, el alma se sep­ara del cuerpo pero que inmedi­ata­mente es envuelta por una luz que, según el color, es el des­tino de esa alma, que un poco arriba de donde se encuen­tra el cuerpo, vol­tea y lo ve por última vez, de igual man­era ve a quienes llo­ran y lamen­tan su fal­l­ec­imiento, su cuerpo yace y lo ve por última vez ya que unos instantes después, la luz que lo envolvió emprende el camino hacia su des­tino, ya sea que sea de color blanca o roja . Esa alma, desde ese momento, puede ver y su com­por­tamiento será como si aún tuviera la cabeza, puede ver, oler, tocar, hablar menos ali­men­ta­rse, claro que piensa y recuerda..

A difer­en­cia de quienes van al infierno, aque­l­los que la luz blanca los envuelve y los lleva al cielo, tienen el priv­i­le­gio de admi­rar lo que ha hecho el creador, Dios nue­stro señor, el Uni­verso, y podrán ver el fin de una estrella, la for­ma­ción de mun­dos, cómo el hoyo negro se come estrel­las del tamaño que sean, satélites y todo lo que se encuen­tra a dece­nas de años luz de ahí, verán que hay vida en otros lugares del Uni­verso y que junto con ellos via­jan quienes han fal­l­e­cido en otros plan­e­tas, en fin, verán las mar­avil­las que solo pueden ver los que han muerto en el plan­eta que sea y que son arropa­dos por la luz blanca que es la encar­gada de su trans­portación, porque una cosa es cierta, sean del plan­eta que sean si los envolvió la luz blanca, todos seguirán el mismo camino, un paseo para cono­cer el Uni­verso y luego ya hacia donde Dios ha dis­puesto, lo que lla­mamos cielo, si fue la luz roja irán al infierno pero aquí al que cada plan­eta tiene, el de la Tierra para quienes habi­tan este plan­eta y así cada uno según el plan­eta o luna de que se trate.

Ya desde dos sig­los atrás, los prob­le­mas en el infierno exclu­sivo para almas de la Tierra, iban en aumento por las muertes que los con­flic­tos en este plan­eta oca­sio­nan que más almas lleguen a donde habita Satanás, habían lle­vado a un sat­u­ramiento de almas en dicho lugar y el haci­namiento, en algunos lugares, estaba cre­ando serios con­flic­tos que amer­i­ta­ban la inter­ven­ción del Dia­blo Mayor Satanás, pero él, como buen gob­er­nante, decidió como en otras oca­siones, no tomar deci­siones solo sino que en asam­blea del Hon­or­able Con­sejo Gen­eral Infiernino, se tomaran acuer­dos y deci­siones sobre medi­das a lle­var a cabo. Se encon­traba solo en la ofic­ina que solo usaba para med­i­tar y de la que hacía poco la dia­bla encar­gada de espar­cir azufre, se había mar­chada a otros lugares donde hiciera falta el vital azufre. Med­itabundo se paró y med­itabundo cam­inó, se detuvo y luego dirigió sus pasos hacia su ofic­ina en donde se encon­traba su sec­re­taria, ya luego sin más ni más y sin siquiera salu­dar, giró instruc­ciones a Escribita que era la sec­re­taria de él, a fin de que con­vo­cara a una Asam­blea Extra­or­di­naria para dos días después. Ya después nue­va­mente sus pasos dirigió hacia su lugar de meditación.

La ofic­ina del Supremo Gob­er­nante tenía todo lo nece­sario pero gen­eral­mente poco era usada pues los recor­ri­dos por el pro­pio infierno y el plan­eta no le daban tiempo de despachar en dicha ofic­ina, pero sí ésta tenía comu­ni­cación directa con la Sala de Cabildo la que tenía todo lo nece­sario para las reuniones que se realizaban.

La con­vo­ca­to­ria a la asam­blea extra­or­di­naria del Con­sejo Gen­eral Infiernino, fue elab­o­rada por la dia­bla Escribita que tenía poco en el infierno pero que por su per­fil, pronta­mente ascendió, de atiza fuego en la ofic­ina de Satanás, a sec­re­taria ejec­u­tiva de éste, la otra ayu­danta, de nom­bre Azuf­rina, encar­gada de proveer el azufre en la misma ofic­ina, seguía como tal pues no mostraba interés en ascen­der y hac­erse acree­dora a tener más fuego y azufre en su hábi­tat que era el pago por ser­vi­cios prestados.

La con­vo­ca­to­ria fue entre­gada en tiempo a los inte­grantes del Con­sejo y tenía como único punto a tratar, después de lista de asis­tentes, lec­tura del acta de la sesión ante­rior y de la aprobación de la misma, el de tratar los prob­le­mas que se tienen en la tierra y tam­bién los del pro­pio infierno, claro que los de la Tierra eran menores, vaya, insignif­i­cantes pero los inter­nos amer­i­ta­ban la Asam­blea Extraordinaria.

La cita era en la sala de Cabildo ubi­cada a un lado de la entrada prin­ci­pal, cerca de donde se encuen­tra el módulo de infor­ma­ción y a pocos met­ros de la ofic­ina del dia­blo mayor, por ser el recinto ofi­cial en el infierno, con­taba con todo lo nece­sario para lle­var a cabo las sesiones ordi­nar­ias y extra­or­di­nar­ias y otras se llev­a­ban a cabo según el acuerdo de Cabildo como el Salón Satán que poco uso tenía. La dia­bla Mod­ernin era la encar­gada de que en las difer­entes ofic­i­nas y salas se tuvieran los últi­mos ade­lan­tos en tec­nología y en los mecan­is­mos para proveer de fuego y azufre

Con­tin­uará

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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez

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