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Desde tiem­pos remo­tos hasta hoy, ven­i­mos luchando por el dere­cho tan básico como es el dere­cho a la vida sin violencias.

Sem­Méx­ico. Buenos Aires, Argentina. 03 de junio 2019.- Pasaron 4 años desde el primer Ni Una Menos, que rev­olu­cionó las calles y que logró que la vio­len­cia machista saliera del closet del silen­cio, de la domes­ti­ci­dad y del miedo.ç

Aquel 3 de junio de 2015, reunió mov­i­lizar a mil­lones de mujeres a lo largo y ancho de Argentina. Las fem­i­nistas sabíamos que esa masivi­dad era la fuerza que veníamos cre­ando en el silen­cio, en redes “sub­ter­ráneas”, en la poten­cia de los Encuen­tros Nacionales de Mujeres, en sótanos, aulas y ter­tu­lias. Si bien la masivi­dad se mate­ri­al­izó en aquel 2015, la his­to­ria se venía escri­bi­endo desde mucho antes sin medios masivos, sin redes sociales y sin fundadoras.

Desde tiem­pos remo­tos hasta hoy, ven­i­mos luchando por el dere­cho tan básico como es el dere­cho a la vida sin vio­len­cias. Y si antes era políti­ca­mente cor­recto sopor­tando cuando nos veían implo­rando ese dere­cho, hoy nos rec­hazan porque además exigi­mos soberanía.

Sin embargo, el camino hacia esa sober­anía sigue cobrán­dose vidas. Según el rel­e­vamiento real­izado por La Casa del Encuen­tro, entre 2008 y 2019 hubo 2952 femi­cidios y femi­cidios vin­cu­la­dos de mujeres y niñas. Esto rep­re­senta que cada 32 horas matan a una mujer. Estos 3952 femi­cidios han dejado a 3717 niñas y niños –el 64 por ciento de ellos, menores de edad– sin sus madres. Y, en más del 60 por ciento de los casos, los femi­ci­das fueron pare­jas o ex pare­jas de las víctimas.

A la vez que el Informe de Femi­cidios de la Jus­ti­cia Argentina de la ofic­ina de la Mujer, de la Corte Suprema de Jus­ti­cia de la Nación, durante el año pasado 278 vic­ti­mas de crímenes de vio­len­cia de género. En esta cifra se incluye a 19 niñas menores de 12 años. Y otras 13 eran menores tenían entre 13 y 19 años.

Es decir, que a pesar de la rev­olu­ción que toma las calles y las vidas, hay algo que viene lento: el cam­bio de par­a­digma que aún se enmarca en rela­ciones asimétri­cas y el estado ausente en cuanto a la pre­ven­ción y a la admin­is­tración ade­cuada de justicia.

Si bien, nada es inmedi­ato ni mucho menos sen­cillo. No obstante, lo que sí puede ser inmedi­ato es la vol­un­tad política para incor­po­rar cert­era­mente la ley de edu­cación sex­ual inte­gral en todas las escue­las del país, la pronta imple­mentación de la ley Micaela (que con­tem­pla la capac­itación oblig­a­to­ria en gen­ero para todas las per­sonas que inte­gran los tres poderes del estado), que revea el bajísimo pre­supuesto que se des­tina a las mujeres, 11 pesos per cápita (cerca de 0, 25 cen­tavos de dólar), sub­sidio económico a las mujeres en situación de vio­len­cia, licen­cia por vio­len­cia de género” y podemos seguir en una larga lista.

En una Argentina que se alista para una pronta ren­o­vación pres­i­den­cial, se espera que las vidas de las mujeres no sean los acce­so­rios dis­cur­sivos de las prome­sas electorales.

Mien­tras tanto la rev­olu­ción de las mujeres argenti­nas sigue agi­tando porque el clamor colec­tivo no se ahoga con la san­gre se los femi­cidios ni con la san­gre de los abor­tos clan­des­ti­nos. Al con­trario, cada vez que nos restan una vida nos poten­cia para seguir rompi­endo “el orden nat­ural” del mundo.







FUENTE: SEM Méx­ico







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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez













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