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Desde Perú, Chile, Argentina y Uruguay, cuen­tan en este repor­taje cómo acom­pañan la decisión de abor­tar en sus países.
2018-​09-​29 13:10:28 Leído : 394 veces.
• Con las jor­nadas del 13J y 8A en Argentina, la marea verde comenzó a expandirse por el con­ti­nente.
Redac­ción

Flor Pagola

SemMéxico/​FAU-​AL. 29 de Sep­tiem­bre 2018.- América Latina y el Caribe tienen la tasa de abor­tos más alta del mundo, según datos del Insti­tuto Guttmacher. La región se divide en unos pocos países que lo han legal­izado (Cuba, Uruguay, Puerto Rico y la Ciu­dad de Méx­ico), y otro tanto que tienen total­mente penal­izada la prác­tica (El Sal­vador, Hon­duras, Nicaragua, República Domini­cana, Haití y Suriname).

En el medio, el resto de países se adhiere a la despe­nal­ización par­cial o por causales (vio­lación, mal­for­ma­ción del feto, o riesgo de vida de la mujer). Donde es común (depen­di­endo del país y la región) obstácu­los buro­cráti­cos que impi­den realizar el aborto den­tro de los pla­zos legales, o en donde se requiere com­pro­bar una vio­lación, o prevalece la obje­ción de con­cien­cia unida a la moral reli­giosa y la ambigüedad por parte del sis­tema médico para definir “riesgo de vida o salud”.

En este con­texto, el 97% de las mujeres de América Latina y el Caribe viven en países con leyes de aborto restric­ti­vas; y el 60% de los abor­tos en esta región son inse­guros. Tam­bién lid­era a nivel mundial con la tasa de embara­zos no planeados.

La tarea es inmensa

Algu­nas de las colec­ti­vas y redes que tra­ba­jan para brindar infor­ma­ción y acom­pañar a per­sonas que deci­den abor­tar en el con­ti­nente son: Socor­ris­tas en Red de Argentina, Ser­ena Morena de Perú, Con Ami­gas y en la Casa de Chile, Las Parceras de Colom­bia, Ecuméni­cas por el Dere­cho a Decidir de Hon­duras, 28 Lunas de República Domini­cana, Las Comadres de Ecuador, Mujeres en el Horno de Uruguay.

Las mujeres fem­i­nistas orga­ni­zadas coin­ci­den en que la primera bar­rera para realizarse un aborto es el desconocimiento. Porque la infor­ma­ción en inter­net abunda, pero no siem­pre es con­fi­able, como tam­poco lo es la que te da el tipo que vende la med­icación de forma clan­des­tina en la calle. Después está el silen­cio, la falta de com­pañía y com­pren­sión, la sen­sación de que no hay otras que pasen por lo mismo, el miedo a la cárcel.

Más allá de las múlti­ples bar­reras, una per­sona que quiere abor­tar lo hace, siem­pre exponién­dose a la clan­des­tinidad inse­gura, la crim­i­nal­ización (penal y social) y el aban­dono del Estado. Ahora, cuando esa mujer es rica, todo cam­bia. Los recur­sos económi­cos, la con­tención, las clíni­cas pri­vadas y los via­jes al extran­jero, siem­pre lo solucionan.

Pero cuando una mujer aborta en América Latina y es pobre, empiezan los prob­le­mas. Tal es el caso de Teodora en El Sal­vador, con­de­nada a 30 años de cár­cel por un aborto invol­un­tario, y que se le suma al de “las 17” mujeres (para abril de 2018 ya eran 24) que pasaron por el mismo tipo de crim­i­nal­ización en ese país. O el de miles de mujeres expues­tas a la vio­len­cia del mer­cado irreg­u­lar, las clíni­cas clan­des­ti­nas y el rec­hazo de su familia.

Y cada país con su par­tic­u­lar­i­dad. En Chile, la med­icación para abor­tar se encuen­tra restringida exclu­si­va­mente a su uso intra­hos­pi­ta­lario, por eso no está disponible en las far­ma­cias, ni siquiera con rec­eta médica. Por con­tra­partida, en el mer­cado ile­gal una dosis com­pleta de miso­pros­tol puede lle­gar a costar un sueldo mín­imo chileno. Desde agosto de 2016, la red Con las Ami­gas y en la Casa acom­paña abor­tos y brinda infor­ma­ción en casi todas las regiones del país. Tam­bién brinda infor­ma­ción para que las mujeres no sean estafadas en el mer­cado irreg­u­lar, y sostienen que ninguna mujer debería dejar de abor­tar por no tener el dinero suficiente.

En la provin­cia de Tucumán, al noroeste de Argentina, Socorro Rosa (hace parte de Socor­ris­tas en Red a nivel nacional), tiene 11 inte­grantes, en su may­oría jóvenes les­bianas. Su “prin­ci­pal arma es el amor hacia las mujeres y entre mujeres”, ellas abor­tan “en man­ada y her­madas”. Malena, una de sus inte­grantes, dice que “en Tucumán la mujer que quiere abor­tar lo hace y es un secreto a voces”. El tema es si ese aborto es seguro o no. Otras bar­reras en la provin­cia son la ausen­cia de edu­cación sex­ual inte­gral, el nulo acceso a méto­dos de anti­con­cep­ción en hos­pi­tales públi­cos, y el dis­curso reli­gioso sola­pado en las insti­tu­ciones educativas.

Desde Lima, Perú, colab­o­rado­ras de Ser­ena Morena cuen­tan que, si bien la med­icación se con­sigue en las far­ma­cias con rec­eta médica, el mer­cado clan­des­tino tiene mucho peso. “En las clíni­cas clan­des­ti­nas hubo casos de per­fora­ciones de útero, vio­la­ciones a mujeres, cualquier cosa. Hay un mon­tón de ginecól­o­gos y espe­cial­is­tas que son una vergüenza, que lucran con la desin­for­ma­ción de las mujeres”. El juego de la doble moral es per­ma­nente, las mujeres no pueden denun­ciar lo que les pasó porque para la ley, tam­bién ellas cometieron un delito.

Para Uruguay, con una Ley de Inter­rup­ción Vol­un­taria del Embarazo vigente desde 2012, la situación es bien difer­ente. Cualquier mujer uruguaya puede abor­tar con hasta 12 sem­anas de gestación (14 si es vio­lación, y sin límite si corre riesgo de vida la mujer o exis­ten anom­alías fetales), pero quedan por fuera las que superan ese plazo o las migrantes con menos de un año de res­i­den­cia en el país. Mujeres en el Horno, ges­tiona una línea tele­fónica desde el 2014 para brindar infor­ma­ción y acompañamiento.

Según Andrea y María José, que “la ley no tenga asig­nado un pre­supuesto” y que haya sido poco difun­dida, son las prin­ci­pales lim­ita­ciones que encuen­tran las mujeres cuando deci­den abor­tar. “Muchas mujeres lla­man a la línea sin saber ni siquiera por dónde arran­car”. Por ejem­plo, pien­san que tienen que ir a una clínica espe­cial, cuando en real­i­dad solo basta con acer­carse a su ser­vi­cio médico. Además, por Ley la mujer debe pre­sen­tar su caso frente a un grupo de espe­cial­is­tas, y durante el pro­ceso, “reflex­ionar cinco días” para rat­i­ficar su decisión, por lo que se podrían alargar los pla­zos y quedarse fuera de las 12 semanas.

Otras de las bar­reras para las mujeres uruguayas, es que no tienen lib­er­tad para ele­gir el método, o el lugar que más les con­venga y que les de más seguri­dad. Solo se hace con pastil­las (que junto con la Aspiración Man­ual End­oute­rina son los méto­dos más seguros y usa­dos a nivel mundial) y siem­pre es en la casa (cuando deberían tener el dere­cho de poder realizarlo en el hos­pi­tal si así lo desean). La obje­ción de con­cien­cia, declar­ada por el 40% de los pro­fe­sion­ales del país; la obje­ción de ideario (cuando la insti­tu­ción rec­haza realizar abor­tos), declar­ada por dos ser­vi­cios de salud a nivel nacional; la penal­ización cul­tural del aborto (que aún sigue en el código penal); y el inex­is­tente acceso en las zonas más rurales, tam­bién hacen parte de las tra­bas que se encuen­tran en Uruguay, pese a una Ley exis­tente hace siete años.

¿Qué es el acom­pañamiento feminista?

Para las acom­pañantes entre­vis­tadas, es no darle la espalda a quienes nece­si­tan inter­rum­pir un embarazo. Es que te mueva el deseo de acom­pañar la decisión de una com­pañera, y garan­ti­zarle un aborto CUIDADO y seguro. Como dice el lema de Con las Ami­gas y en la Casa: “una mujer que quiere abor­tar y se con­tacta con noso­tras, aborta”. Es escuchar con respeto, empatía y sin juz­gar; brin­dando seguri­dad para diluir la pre­sión y la angus­tia que gen­era la clan­des­tinidad, y poli­ti­zar el peso de la culpa que recae sobre las mujeres social­mente frente a las deci­siones autóno­mas sobre sus cuer­pos. Es per­mi­tir una comu­ni­cación flu­ida, escuchar la voz de las mujeres, pre­gun­tar cómo se sien­ten. Es tomar una decisión per­sonal entre todas, haciendo de lo indi­vid­ual una apuesta política colectiva.

Un acto tremen­da­mente rev­olu­cionario: mujeres que se jun­tan con otras mujeres para decidir con autonomía sobre sus cuer­pos. Se der­riban mitos como el de la “mala mujer” o el “estoy sola”, y se pone en pal­abras las vio­len­cias sufridas. Un acto que vale por mil actos. “Con el aborto dis­puta­mos el lugar de madre que le cor­re­sponde a la mujer en la sociedad machista. Noso­tras no esta­mos debajo de nadie y nues­tras deci­siones deben ser respetadas”, ase­gu­ran las inte­grantes de “Ser­ena Morena”.

La per­sona que quiere abor­tar se con­tacta con alguna de las redes o colec­ti­vas de su país solic­i­tando infor­ma­ción. Algu­nas veces la con­sulta se agota en una lla­mada, pero tam­bién se coor­di­nan encuen­tros cara a cara y se hace un seguimiento. Ser­ena Morena pre­fiere las reuniones en el espa­cio público para “sacar el aborto de lo pri­vado”; Con las Ami­gas y en la Casa hace acom­pañamiento tele­fónico si la mujer se encuen­tra lejos o le paga los pasajes si tiene que trasladarse; Socorro Rosa Tucumán gen­era los encuen­tros en talleres fijos por sem­ana donde las mujeres que abor­tan se cono­cen; Mujeres en el Horno acom­paña al telé­fono a la mujer que está abor­tando en su casa, por más que la ley uruguaya la ampare y haya vis­i­tado un médico.

Así se gesta lo que lla­maron una “inge­niería fem­i­nista mujeril”, en la que se com­parte la infor­ma­ción de cómo se real­iza un aborto: con qué medica­men­tos, cuándo tomar­los, dónde es mejor hac­erlo, si el san­grado y el dolor son nor­males, cómo detec­tar sín­tomas de emer­gen­cia, qué hacer si se va al hos­pi­tal. Todo se pone a dis­posi­ción para que la mujer esté cuidada en el pro­ceso; y si ha sufrido vio­len­cia por parte de la pareja o del sis­tema médico, se brinda infor­ma­ción y apoyo para la denuncia.

Con estas acciones direc­tas las fem­i­nistas orga­ni­zadas están sacando el aborto “del closet”, deses­tig­ma­tizán­dolo, human­izán­dolo y dando lugar a que más mujeres cuenten su expe­ri­en­cia. Están inter­pelando la hege­monía médica y cuidando la vida y la salud de quienes abor­tan. Ayu­dando a que no se eleve la mor­tal­i­dad materna en sus países, y pop­u­lar­izando el uso de méto­dos seguros con medica­men­tos, cuyo uso está cien­tí­fi­ca­mente comprobado.

Según datos de Socor­ris­tas en Red, cada año, menos mujeres acom­pañadas por la red asis­ten a guardias hos­pi­ta­lar­ias, “creemos que es porque aprendi­mos a cal­mar ansiedades por sig­nos de alarma que no siem­pre son tales”. Porque un aborto que no gen­era com­pli­ca­ciones físi­cas, pero sí emo­cionales, no es un aborto seguro.

Vir­gen María 2.0

Poner el cuerpo para ase­gu­rar abor­tos libres y cuida­dos, tam­bién es estar en la mira de los anti­dere­chos. El peli­gro se lee en las redes sociales y se siente en las calles. Es gen­er­al­izado que las redes y líneas de acom­pañamiento en América Latina reciban ame­nazas de trolls y anti­dere­chos en redes; como la vio­len­cia física que reciben quienes se man­i­fi­es­tan públi­ca­mente a favor del aborto. Ejem­p­los son los de las tres mujeres apuñal­adas en la Mar­cha por el Aborto Libre el 25 de julio de 2018 en Chile, o las ame­nazas de muerte con­tra la activista brasileña por los dere­chos repro­duc­tivos Déb­ora Diniz, o las tan­tas chi­cas argenti­nas agre­di­das en la vía pública y en sus domi­cil­ios por lle­var puesto el pañuelo verde. Y más.

Frente a esta real­i­dad las estrate­gias de cuidado colec­tivo son tan diver­sas como las colec­ti­vas. “Noso­tras decidi­mos no con­tes­tar, porque cuando un tipo dice algo en Face­book le caen 120 mujeres encima. Nos defend­emos entre todas. Cuan­tas más seamos y más vis­i­bles, esta­mos más seguras”, rela­tan las inte­grantes de Con las Ami­gas y en la Casa.

Pero Socorro Rosa tiene otro cuento. El 8 de marzo de 2017 hicieron una per­for­mance sim­bólica durante la mar­cha y el paro gen­eral de mujeres. La “Vir­gen María” abortaba al “patri­ar­cado y sus insti­tu­ciones mis­ógi­nas, el mat­ri­mo­nio, la mater­nidad y la het­ero­sex­u­al­i­dad oblig­a­to­rias”, dijo Malena. Todo pasó en las calles de Tucumán, una provin­cia pequeña que se declaró “provida” a través de una “leg­is­latura provin­cial y prin­cip­ista” en agosto de 2018.

Lo sigu­iente fue una per­se­cu­ción de gru­pos anti­dere­chos; con el escrache de los nom­bres, telé­fonos y direc­ciones de las Socor­ris­tas; y la incitación al odio y la vio­len­cia. Las inte­grantes de la colec­tiva tuvieron que ale­jarse de la provin­cia por un mes; y rep­re­sen­tantes de la Igle­sia las denun­cia­ron al Insti­tuto Nacional con­tra la Dis­crim­i­nación, la Xeno­fo­bia y el Racismo por “afec­tar la moral de los creyentes católi­cos” con sus acciones.

De una forma u otra, los anti­dere­chos y fun­da­men­tal­is­tas reli­giosos están al ace­cho que­riendo detener los pequeños avances que logran las mujeres fem­i­nistas con años de lucha y resisten­cia. Como lo hacen los médi­cos que obje­tan con­cien­cia (muchas veces de forma masiva en las insti­tu­ciones) para no realizar abor­tos. Pre­viendo esto, Con las ami­gas… creó el proyecto OLA: Obser­vado­ras de la Ley de Aborto, para cono­cer qué cen­tros de salud son garantes del dere­cho y cuáles no, y cuán­tas mujeres no han podido acceder a las tres causales aprobadas por ley.

Acción Urgente

No siem­pre se corre el velo para ver todo lo que se esconde detrás del aborto; para algu­nas, la punta del ice­berg del sis­tema patriarcal-​capitalista. Que las mujeres más crim­i­nal­izadas sean las pobres y las rad­i­cal­izadas no es casual; y para las fem­i­nistas jóvenes orga­ni­zadas, la lucha por el aborto libre es cru­cial. Y aunque para muchas, el aborto estatal, como es el caso de Uruguay, no sea el hor­i­zonte ideal (porque la legal­i­dad no garan­tiza un aborto seguro); dar la lucha legal y cul­tural, debatirlo y lle­gar a más mujeres, sí lo es.

Por esto es que en cada país ger­mina una red, una colec­tiva o una línea tele­fónica que le brinda infor­ma­ción, acom­pañamiento, seguri­dad, con­fi­anza y empatía a las mujeres que deci­den abor­tar. Las fem­i­nistas orga­ni­zadas son las que ponen el cuerpo para hacer vis­i­ble esto, y para que se cumpla lo mín­imo que debe garan­ti­zar un Estado democrático: salud, seguri­dad y autonomía para las mujeres. Logran lle­var el aborto a las agen­das de los fem­i­nis­mos en cada país y demues­tran una y otra vez que el aborto seguro libre y cuidado, es el de per­spec­tiva fem­i­nista. Son como semi­l­las que se expanden por las ciu­dades y los pueb­los, al inte­rior de los países y en sus per­ife­rias. Tal es así, que muchas de las mujeres que reciben la ayuda de las fem­i­nistas aborteras ter­mi­nan unién­dose a la lucha.

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Fuente: SEM/​FAU-​AL















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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez













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