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Everyldo Gonzalez

Por: Ever­ildo Gon­za­lez Alvarez

Huele a que­mado y no pre­cisa­mente porque a alguna señora vecina se le hayan que­mado los fri­joles por exceso de cocimiento y el agua se haya con­sum­ido, o porque la leche hirvió, subió y se tiró, o bien porque las tor­tillas hayan per­manecido en el comal mas tiempo del debido, no, defin­i­ti­va­mente y afor­tu­nada­mente eso no ha suce­dido. Huele a que­mado porque los pas­ti­za­les y los árboles siguen ardi­endo como con­se­cuen­cia de que los provoca incen­dios siguen haciendo de las suyas, como a ellos les gusta actuar: con lib­er­tad, sin que nadie los moleste, para ellos actuar así es el placer supremo, y cada año esperan con ansia que su ali­ado el sol, haya secado los pas­tos para que la labor se les facilite y entonces si puedan lle­gar a admi­rar el espec­táculo para ellos tan esper­ado: cuando el fuego arrasa con pasto y árboles.. Huele a que­mado para todos lados a donde uno se dirija, no solo en nues­tra región o solo en nue­stro estado, no, sino en todo nue­stro Méx­ico; nue­stro muy querido Méx­ico huele a quemado.

Huele a que­mado y la fauna resiente los efec­tos de la acción destruc­tiva del hom­bre y las aves, los mamíferos, los insec­tos, todos los que sobre­viven huyen, los que quedan vivos y pueden hac­erlo, per­di­endo su hábi­tat, ese, que ya no volverán a tener porque fue arrasado por el fuego. Huele a que­mado porque unos cuan­tos tienen como uno de sus plac­eres, afec­tar a unos muchos cam­biando el panorama de los cer­ros, de las lomas, de los lados de las car­reteras qui­tando el verde o café para dejar el negro, para con­ver­tir las áreas en reguero de carbón.

Huele a que­mado y las acciones para pre­venir los incen­dios no se ven, por eso los amantes del fuego se mueven con tran­quil­i­dad, siguen sus rutas estable­ci­das, sabion­dos de que nadie les impedirá cumplir con su cometido, con su gusto, ese que solo se dan una tem­po­rada al año, solo que en esta tem­po­rada el gusto ha sido mayor y han empezado desde estos tiem­pos . Huele a que­mado y el ene­migo número uno de los provoca incen­dios, o sea la llu­via, no llega en aux­ilio de la flora y la fauna, fal­tan algunos meses para que la llu­via haga acto de pres­en­cia y para entonces… para entonces su lle­gada tal vez sea demasi­ado tarde si con­sid­er­amos que ya no llueve porque la tem­po­rada recién ha final­izado.. Huele a que­mado y solo queda esperar que en cuanto empiece la tem­po­rada de llu­vias y con ella llegue a su fin la de incen­dios, las autori­dades cor­re­spon­di­entes lleven a cabo medi­das de pre­ven­ción de incen­dios. Sí, una vez más, como en años ante­ri­ores huele a que­mado para donde uno dirija sus pasos o su vehículo porque los amantes de todo destruir han actu­ado con lib­er­tad, sin estor­bos. Huele a que­mado y claro que sí, y aun cuando no con pron­ti­tud, hay quienes han acu­d­ido a apa­gar los incen­dios y sí, eso se agradece pero siem­pre lo mejor para el ser humano, para la fauna y por supuesto para la nat­u­raleza, lo mejor será pre­venir, evi­tar a toda costa que los provoca incen­dios actúen. Huele a que­mado y es deseable que podamos pen­sar en que, así como los incen­dios han sido de inten­sos en Octubre y en lo que va de Noviem­bre , así sea de intensa la labor de las autori­dades para pre­venir­los para que nunca más volva­mos a decir que: huele a quemado.

Que­mar pas­ti­za­les, que­mar árboles es con­tribuir al calen­tamiento global de la atmós­fera, es con­tribuir al dete­ri­oro de nue­stro medio ambi­ente, es afec­tarnos a nosotros mismo, tal vez algún día lo enten­damos, tal vez.……
evgonal@​yahoo.​com.​mx.

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Huele a que­mado y la fauna resiente los efec­tos de la acción destruc­tiva del hom­bre y las aves, los mamíferos, los insec­tos, todos los que sobre­viven huyen, los que quedan vivos y pueden hac­erlo, per­di­endo su hábi­tat, ese, que ya no volverán a tener porque fue arrasado por el fuego. Huele a que­mado porque unos cuan­tos tienen como uno de sus plac­eres, afec­tar a unos muchos cam­biando el panorama de los cer­ros, de las lomas, de los lados de las car­reteras qui­tando el verde o café para dejar el negro, para con­ver­tir las áreas en reguero de carbón.

Huele a que­mado y las acciones para pre­venir los incen­dios no se ven, por eso los amantes del fuego se mueven con tran­quil­i­dad, siguen sus rutas estable­ci­das, sabion­dos de que nadie les impedirá cumplir con su cometido, con su gusto, ese que solo se dan una tem­po­rada al año, solo que en esta tem­po­rada el gusto ha sido mayor y han empezado desde estos tiem­pos . Huele a que­mado y el ene­migo número uno de los provoca incen­dios, o sea la llu­via, no llega en aux­ilio de la flora y la fauna, fal­tan algunos meses para que la llu­via haga acto de pres­en­cia y para entonces… para entonces su lle­gada tal vez sea demasi­ado tarde si con­sid­er­amos que ya no llueve porque la tem­po­rada recién ha final­izado.. Huele a que­mado y solo queda esperar que en cuanto empiece la tem­po­rada de llu­vias y con ella llegue a su fin la de incen­dios, las autori­dades cor­re­spon­di­entes lleven a cabo medi­das de pre­ven­ción de incen­dios. Sí, una vez más, como en años ante­ri­ores huele a que­mado para donde uno dirija sus pasos o su vehículo porque los amantes de todo destruir han actu­ado con lib­er­tad, sin estor­bos. Huele a que­mado y claro que sí, y aun cuando no con pron­ti­tud, hay quienes han acu­d­ido a apa­gar los incen­dios y sí, eso se agradece pero siem­pre lo mejor para el ser humano, para la fauna y por supuesto para la nat­u­raleza, lo mejor será pre­venir, evi­tar a toda costa que los provoca incen­dios actúen. Huele a que­mado y es deseable que podamos pen­sar en que, así como los incen­dios han sido de inten­sos en Octubre y en lo que va de Noviem­bre , así sea de intensa la labor de las autori­dades para pre­venir­los para que nunca más volva­mos a decir que: huele a quemado.

Que­mar pas­ti­za­les, que­mar árboles es con­tribuir al calen­tamiento global de la atmós­fera, es con­tribuir al dete­ri­oro de nue­stro medio ambi­ente, es afec­tarnos a nosotros mismo, tal vez algún día lo enten­damos, tal vez.……
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