Everyldo Gonzalez

Por: Ever­ildo Gon­za­lez Alvarez

El gen­eral Martín López Aguirre fue un mil­i­tar mex­i­cano que par­ticipó en la Rev­olu­ción mex­i­cana. Ini­ció su par­tic­i­pación activa en la rev­olu­ción en 1913, a raíz de la usurpación de Vic­to­ri­ano Huerta, junto con su her­mano Pablo López Aguirre, inte­grán­dose a las filas de la División del Norte. Con ella par­ticipó en la primera toma de Tor­reón, en el sitio de Chi­huahua; en la toma de Ciu­dad Juárez, la Batalla de Oji­naga y en la Batalla de Tierra Blanca. Durante 1914 inter­vino en la segunda toma de Tor­reón, en los com­bates de San Pedro de las Colo­nias, Paredón y Zacate­cas. Cuando sobrevino el rompimiento de Fran­cisco Villa con Venus­tiano Car­ranza per­maneció fiel al primero. Con el ejército vil­lista com­batió en el Bajío y al ser der­ro­tado marchó rumbo a Sonora. En sep­tiem­bre de 1916 estuvo al lado de Fran­cisco Villa en la toma de la ciu­dad de Chi­huahua y en el ataque a San Andrés, en la que der­ro­taron al coro­nel For­tu­nato Zuazua; en octubre par­ticipó en la ocu­pación de Ciu­dad Camargo y en noviem­bre en el asalto a Hidalgo del Par­ral. Volvió a par­tic­i­par en la ocu­pación de Chi­huahua y Ciu­dad Camargo para fines de diciem­bre, así como en el ataque a Torreón.

En 1917 com­batió a Fran­cisco Mur­guía en Estación Rosario; en abril fue der­ro­tado en Chi­huahua y, en mayo, ocupó Oji­naga con Fran­cisco Villa. A raíz de esta acción las fuerzas vil­lis­tas se dis­per­saron y López per­maneció como parte de la escolta de Villa. En 1919 volvió a par­tic­i­par en los ataques a Chi­huahua y a Ciu­dad Juárez.

Murió por bala en un pequeño com­bate con­tra los car­rancis­tas ese mismo año.
Al estal­lar la Rev­olu­ción maderista, Martín López Aguirre tenía 17 años y tra­ba­jaba como panadero en la ciu­dad de Chi­huahua, cuando decidió aban­donar su empleo para darse de alta en la par­tida que comand­aba Guadalupe Gardea, y pos­te­ri­or­mente a la de Fran­cisco Villa, fungiendo ini­cial­mente como pagador de la tropa y asis­tente. Martín acom­pañaría a Villa en todas sus cam­pañas hasta con­ver­tirse en su prin­ci­pal lugarteniente.

Martín López vio morir a manos de Villa a jefes a los que tenía en gran estima: Dion­i­sio Tri­ana, Aure­liano S. González, Tomás Urbina, Feli­ciano Domínguez, entre otros, que habían prestado valiosos ser­vi­cios al ex jefe de la División del Norte. Sus her­manos, Vicente y Pablo, tam­bién vil­lis­tas, murieron, el primero en com­bate y el segundo fusilado por los car­rancis­tas en la ciu­dad de Chihuahua.

En 1917, Martín fungía como el segundo al mando de las fuerzas de Villa y era uno de los guer­rilleros más activos en el estado de Chi­huahua, que más dolores de cabeza provo­caba a las guar­ni­ciones car­rancis­tas, atra­cando trenes y asaltando pequeñas localidades.

Martín López murió el 4 de sep­tiem­bre de 1919, en el poblado de Ocotán —-hoy Venus­tiano Car­ranza — , juris­dic­ción de Canatlán, estado de Durango, a con­se­cuen­cia de una herida que recibió en un tiro­teo, en ter­renos de la hacienda de Santa Lucía, en las cer­canías de la cap­i­tal del estado. El sec­re­tario de Villa, José María Jau­r­ri­eta, ase­gura que Martín recibió un dis­paro en el abdomen, y al no recibir aten­ción médica opor­tuna, fal­l­e­ció de peritonitis.

Martín siem­pre se opuso a los exce­sos de Villa, y en los últi­mos meses, sos­tuvo fuertes alter­ca­dos con él. El 24 de diciem­bre de 1918, Villa atacó el pueblo de Sat­evó, 80 kilómet­ros al sur de la cap­i­tal del estado de Chi­huahua, pero no pudo vencer la resisten­cia que 20 veci­nos hicieron desde la torre del tem­plo par­ro­quial, provo­cando numerosas bajas a los asaltantes. Martín ofre­ció a Villa con­fer­en­ciar con los defen­sores para lograr su ren­di­ción, después de que éste había orde­nado incen­diar el edi­fi­cio. Según los tes­ti­gos, Martín le dijo: «Deme toda la fuerza y yo arreglo, lo que yo haga, usted me lo respeta». Villa con­testó: «Sí, haz lo que quieras.» Final­mente, López con­siguió que los veci­nos desistieran de la defensa, prome­tiendo respetar sus vidas. Según Melquiades González Caballero, los veci­nos bajaron de la torre y entre­garon las armas, pero Villa sacó su pis­tola para matar­los, a lo que Martín se opuso, recla­mando: «Usted me dijo, me dio todo el poder, yo les per­doné la vida, si quiere matar­los puede hac­erlo, pero comience con­migo, para qué me dio pues poder y después los mata a ellos». Villa respondió: «¡Ah, que chapo! No te eno­jes, suél­ta­los pues, váyanse pa´ sus casas».

En sus memo­rias, Jesús María López Aguirre afirma que su her­mano Martín estaba decep­cionado de lo engañoso y mala­grade­cido que había sido Villa con quienes le fueron leales Entre el 15 y 17 de junio de 1919, Villa atacó Ciu­dad Juárez, y poco antes de que la plaza cay­era en sus manos, fue desa­lo­jado por tropas esta­dounidenses que cruzaron la fron­tera. Villa ordenó la reti­rada a Villa Ahu­mada, donde tam­bién fue der­ro­tado por fuerzas car­rancis­tas. Furioso, se replegó a la hacienda de Santo Domingo, dejando atrás a los heri­dos, y allí ordenó fusilar a su her­mano Hipól­ito, pues éste se opuso a que enviara un tren a Villa Ahu­mada para recoger a los esta­dounidenses y col­gar­los. Según tes­ti­gos, Martín impidió que Villa asesinara a su her­mano y que le prendiera fuego a la hacienda, «sacando su pis­tola y llamán­dolo embus­tero», después de que éste dijo a su gente que López y Felipe Ánge­les eran ami­gos de los esta­dounidenses, y por eso se oponían a sus órdenes. Martín insultó a Villa y dijo «que seguiría su camino y que no ten­dría nada que ver más con él».

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En 1917 com­batió a Fran­cisco Mur­guía en Estación Rosario; en abril fue der­ro­tado en Chi­huahua y, en mayo, ocupó Oji­naga con Fran­cisco Villa. A raíz de esta acción las fuerzas vil­lis­tas se dis­per­saron y López per­maneció como parte de la escolta de Villa. En 1919 volvió a par­tic­i­par en los ataques a Chi­huahua y a Ciu­dad Juárez.

Murió por bala en un pequeño com­bate con­tra los car­rancis­tas ese mismo año.
Al estal­lar la Rev­olu­ción maderista, Martín López Aguirre tenía 17 años y tra­ba­jaba como panadero en la ciu­dad de Chi­huahua, cuando decidió aban­donar su empleo para darse de alta en la par­tida que comand­aba Guadalupe Gardea, y pos­te­ri­or­mente a la de Fran­cisco Villa, fungiendo ini­cial­mente como pagador de la tropa y asis­tente. Martín acom­pañaría a Villa en todas sus cam­pañas hasta con­ver­tirse en su prin­ci­pal lugarteniente.

Martín López vio morir a manos de Villa a jefes a los que tenía en gran estima: Dion­i­sio Tri­ana, Aure­liano S. González, Tomás Urbina, Feli­ciano Domínguez, entre otros, que habían prestado valiosos ser­vi­cios al ex jefe de la División del Norte. Sus her­manos, Vicente y Pablo, tam­bién vil­lis­tas, murieron, el primero en com­bate y el segundo fusilado por los car­rancis­tas en la ciu­dad de Chihuahua.

En 1917, Martín fungía como el segundo al mando de las fuerzas de Villa y era uno de los guer­rilleros más activos en el estado de Chi­huahua, que más dolores de cabeza provo­caba a las guar­ni­ciones car­rancis­tas, atra­cando trenes y asaltando pequeñas localidades.

Martín López murió el 4 de sep­tiem­bre de 1919, en el poblado de Ocotán —-hoy Venus­tiano Car­ranza — , juris­dic­ción de Canatlán, estado de Durango, a con­se­cuen­cia de una herida que recibió en un tiro­teo, en ter­renos de la hacienda de Santa Lucía, en las cer­canías de la cap­i­tal del estado. El sec­re­tario de Villa, José María Jau­r­ri­eta, ase­gura que Martín recibió un dis­paro en el abdomen, y al no recibir aten­ción médica opor­tuna, fal­l­e­ció de peritonitis.

Martín siem­pre se opuso a los exce­sos de Villa, y en los últi­mos meses, sos­tuvo fuertes alter­ca­dos con él. El 24 de diciem­bre de 1918, Villa atacó el pueblo de Sat­evó, 80 kilómet­ros al sur de la cap­i­tal del estado de Chi­huahua, pero no pudo vencer la resisten­cia que 20 veci­nos hicieron desde la torre del tem­plo par­ro­quial, provo­cando numerosas bajas a los asaltantes. Martín ofre­ció a Villa con­fer­en­ciar con los defen­sores para lograr su ren­di­ción, después de que éste había orde­nado incen­diar el edi­fi­cio. Según los tes­ti­gos, Martín le dijo: «Deme toda la fuerza y yo arreglo, lo que yo haga, usted me lo respeta». Villa con­testó: «Sí, haz lo que quieras.» Final­mente, López con­siguió que los veci­nos desistieran de la defensa, prome­tiendo respetar sus vidas. Según Melquiades González Caballero, los veci­nos bajaron de la torre y entre­garon las armas, pero Villa sacó su pis­tola para matar­los, a lo que Martín se opuso, recla­mando: «Usted me dijo, me dio todo el poder, yo les per­doné la vida, si quiere matar­los puede hac­erlo, pero comience con­migo, para qué me dio pues poder y después los mata a ellos». Villa respondió: «¡Ah, que chapo! No te eno­jes, suél­ta­los pues, váyanse pa´ sus casas».

En sus memo­rias, Jesús María López Aguirre afirma que su her­mano Martín estaba decep­cionado de lo engañoso y mala­grade­cido que había sido Villa con quienes le fueron leales Entre el 15 y 17 de junio de 1919, Villa atacó Ciu­dad Juárez, y poco antes de que la plaza cay­era en sus manos, fue desa­lo­jado por tropas esta­dounidenses que cruzaron la fron­tera. Villa ordenó la reti­rada a Villa Ahu­mada, donde tam­bién fue der­ro­tado por fuerzas car­rancis­tas. Furioso, se replegó a la hacienda de Santo Domingo, dejando atrás a los heri­dos, y allí ordenó fusilar a su her­mano Hipól­ito, pues éste se opuso a que enviara un tren a Villa Ahu­mada para recoger a los esta­dounidenses y col­gar­los. Según tes­ti­gos, Martín impidió que Villa asesinara a su her­mano y que le prendiera fuego a la hacienda, «sacando su pis­tola y llamán­dolo embus­tero», después de que éste dijo a su gente que López y Felipe Ánge­les eran ami­gos de los esta­dounidenses, y por eso se oponían a sus órdenes. Martín insultó a Villa y dijo «que seguiría su camino y que no ten­dría nada que ver más con él».

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