IR al Inicio de ViviendoMiCiudad

atadigi

SemMéxico/​SemLac, Cd. de Méx­ico, 11 de abril, 2022.-

Tania* cono­ció a un chico a través de inter­net. Después de un tiempo se volvió su novio vir­tual, y durante tres meses solo tuvo inter­ac­ción con él a través de redes sociales. En ese lapso, él logró ganarse su con­fi­anza y le solic­itó fotografías de con­tenido íntimo. Inmedi­ata­mente después de man­dar­las, él la sex­tor­sionó y le pidió un depósito a una cuenta de Oxxo (que no nece­si­tan tener reg­istro ni nom­bre de quien las solicita para usarse).

Tania decidió deposi­tarle pen­sando que con eso acabaría el con­flicto; sin embargo, a lo largo de seis meses, él con­tinuó con las ame­nazas, gen­erán­dole ter­ror psi­cológico y reci­bi­endo por su extor­sión unos 10.000 pesos (unos 450 euros).

Lam­en­ta­ble­mente, ella no fue la única víc­tima de este modus operandi. Varias chi­cas de la misma uni­ver­si­dad a la que Tania asistía tam­bién fueron extor­sion­adas de esa man­era. Y aunque muchas pagaron bajo ame­naza, estas imá­genes ter­mi­naron en recopi­la­ciones (packs) que se vendieron a través de inter­net. Y si una de las chi­cas lograba con­tac­tar a los admin­istradores del sitio para que bajaran sus fotos, les decían que lo harían solo a cam­bio de que ellas les pro­por­cionaran fotografías o videos de otra chica.

Este tes­ti­mo­nio ejem­pli­fica cómo este tipo de ciber­crim­i­nales hacen uso de inter­net, de las redes sociales y de las her­ramien­tas dig­i­tales para crear redes de explotación sex­ual que vio­len­tan a las mujeres, incluso sin reten­er­las físi­ca­mente, para lucrar con su cuerpo y su intimidad.

Una evolu­ción del fenó­meno de la trata de per­sonas que pasó de lo físico a lo vir­tual, al ter­reno de lo online. Si bien no hay estadís­ti­cas especí­fi­cas al respecto, Inegi (Insti­tuto Nacional de Estadís­tica y Geografía de Méx­ico) da una pista del tamaño del prob­lema: de julio 2018 a agosto 2019, 9,4 mil­lones de mujeres de ese país sufrieron cib­er­a­coso; y las más vul­ner­a­bles a este tipo de vio­len­cia tienen entre 12 y 29 años.

El impacto de la tec­nología en la trata sex­ual de mujeres y niñas Diver­sas inves­ti­ga­ciones rev­e­lan cómo la tec­nología tam­bién se usa para facil­i­tar la captación de mujeres y niñas, a través del enganche por enam­oramiento en redes sociales o con ofer­tas de tra­bajo fal­sas, para después trasladar­las de su lugar de ori­gen al lugar donde serán explotadas sexualmente.

Sin embargo, es impor­tante destacar que el impacto de la tec­nología en este delito tam­bién ha per­mi­tido la exis­ten­cia de nuevas for­mas y medios de come­terlo (como las sex­tor­siones o la venta de packs), de las cuales hay poca inves­ti­gación y datos ofi­ciales por parte de las autori­dades, lo que difi­culta su aten­ción y pre­ven­ción, a pesar que su exis­ten­cia se ha señal­ado desde hace var­ios años prin­ci­pal­mente por parte de las orga­ni­za­ciones no gubernamentales.

Si bien gra­cias al tra­bajo de orga­ni­za­ciones fem­i­nistas como Luchado­ras y el Frente Nacional para la Soror­i­dad, al menos desde hace seis años se ha vis­i­bi­lizado e inves­ti­gado más el tema en Méx­ico, hay antecedentes doc­u­men­ta­dos que datan de 2005.

Como la inves­ti­gación de la espe­cial­ista aus­traliana Kath­leen Maltzahn: Peli­gros Dig­i­tales: Las tec­nologías de infor­ma­ción y comu­ni­cación y la trata de mujeres, donde enfa­tiza que el uso de la tec­nología no solo se limita al reclu­tamiento y captación de víc­ti­mas, sino que tam­bién es un gran mer­cado donde con­seguir clientes a través de las diver­sas platafor­mas. Inter­net es un canal per­fecto y rápido para que los mis­mos usuar­ios com­par­tan los lugares donde pueden acceder a mujeres de forma física o sitios de inter­cam­bio y venta de fotos y videos. La espe­cial­ista plantea que, aun cuando a una mujer no se le traslade físi­ca­mente, en tanto se generen ganan­cias a par­tir de imá­genes de su cuerpo que se ponen a dis­posi­ción del público en el mundo entero –y por el daño que las imá­genes vir­tuales cau­san a estas mujeres-​, habría que replantear si ese fenó­meno pudiera tratarse de un nuevo tipo de trata.

El mismo texto se señala que, uno de los desafíos para hacer la conex­ión entre la tec­nología y la trata es ligar las imá­genes y videos de con­tenido íntimo que hay en inter­net con casos con­cre­tos de mujeres y niñas víc­ti­mas de trata, para después bus­car y ubicar a las per­sonas que salen en las fotos y crear los casos penales con­tra los tratantes. Por otra parte, con­sid­era que quienes defien­den los dere­chos humanos de las mujeres deben tener con­cien­cia de que las imá­genes y videos que cir­cu­lan en inter­net están cau­sando daño a per­sonas reales, ya que se podría caer en la min­i­mización e invis­i­bi­lización de las con­se­cuen­cias que esto tiene en la vida de las mujeres involucradas.

La vio­len­cia dig­i­tal y su relación con la explotación sex­ual En Méx­ico, la inves­ti­gación de esta modal­i­dad de trata, y en gen­eral de la vio­len­cia dig­i­tal de género, la han lle­vado a cabo las orga­ni­za­ciones fem­i­nistas, quienes nom­bran a la difusión y venta de con­tenido íntimo de mujeres en inter­net como trata vir­tual. De acuerdo con la inves­ti­gación La vio­len­cia en línea con­tra las mujeres en Méx­ico, real­izada por la orga­ni­zación Luchado­ras MX, la vio­len­cia con­tra las mujeres rela­cionada con la tec­nología se refiere a: “Los actos de vio­len­cia de género cometi­dos insti­ga­dos o agrava­dos, en parte o total­mente por el uso de la Tec­nologías de la Infor­ma­ción y la Comu­ni­cación (TIC), platafor­mas de redes sociales y correo elec­trónico; y cau­san daño psi­cológico y emo­cional, refuerzan los pre­juicios, dañan la rep­utación, cau­san pér­di­das económi­cas y plantean bar­reras a la par­tic­i­pación en la vida pública y pueden con­ducir a for­mas de vio­len­cia y otras for­mas de vio­len­cia física”.

En esta inves­ti­gación se iden­ti­ficó una tipología de agre­siones dig­i­tales en con­tra de las mujeres que con­sid­era 13 tipos dis­tin­tos de ataques. Uno de esos ataques se denom­ina abuso y explotación sex­ual rela­cionada con las tec­nologías, y se define como un ejer­ci­cio de poder sobre una per­sona a par­tir de la explotación sex­ual de su ima­gen y/​o cuerpo con­tra su vol­un­tad. En este tipo de agre­sión la tec­nología es inter­me­di­aria y fun­da­men­tal para lle­var a cabo la explotación y puede implicar la obten­ción de un ben­efi­cio lucra­tivo o no. Por otra parte, las modal­i­dades de ataque van desde el enganche con fines de trata, al enganche con fines de abuso sex­ual, o al groom­ing (uso de redes sociales para cul­ti­var delib­er­ada­mente una conex­ión emo­cional con menores de edad con fines de abuso o explotación sexual).

Olimpia Coral Melo, del colec­tivo Frente Nacional para la Soror­i­dad y Defen­so­ras Dig­i­tales, explica en entre­vista que de todas las vio­len­cias de género dig­i­tales, la trata vir­tual es la más grave: “Para noso­tras, cuando hablamos de que lo vir­tual es real, nos refe­r­i­mos justo a que la vio­len­cia sis­temática tiene una exten­sión en el espa­cio dig­i­tal, y ya no es nece­sario tener a las mujeres, por ejem­plo, encer­radas en un cuarto, pri­vadas de su lib­er­tad, explotadas sex­ual­mente… ya no es nece­sario ni siquiera que las pen­e­tren para vio­lar­las. Ya por medio de los espa­cios dig­i­tales lo que se tiene es una com­pi­lación de difer­entes packs, videos de mujeres con fines de lucro y de explotación sexual”.

La vul­ner­a­bil­i­dad en el cibere­s­pa­cio De acuerdo con la teoría crim­i­nológ­ica de la activi­dad ruti­naria, la com­bi­nación de agre­sores moti­va­dos con obje­tivos al alcance y la ausen­cia de guardianes o autori­dades capaces, da la opor­tu­nidad a que aumenten los deli­tos u ofensas.

Esto aplica tam­bién al cibere­s­pa­cio. Si bien en Méx­ico no se cuen­tan con cifras ofi­ciales de las per­sonas víc­ti­mas de trata y explotación a través de las platafor­mas de redes sociales y pági­nas de inter­net, el Insti­tuto Nacional de Estadís­tica y Geografía real­izó un estu­dio lla­mado Módulo sobre Cib­er­a­coso (MOCIBA), el cual da un panorama de las con­duc­tas de ciberacoso.

De acuerdo con la última ver­sión de este estu­dio, las mujeres son quienes más sufren de cib­er­a­coso. En el peri­odo de julio de 2018 a agosto de 2019 hubo 9,4 mil­lones de mujeres en el país que sufrieron de este tipo de vio­len­cia. Las tres situa­ciones de cib­er­a­coso que más se exper­i­men­ta­ron fueron: insin­ua­ciones o prop­ues­tas sex­u­ales con un 40,3 por ciento, con­tacto medi­ante iden­ti­dades fal­sas con 35,3 por ciento y men­sajes ofen­sivos en un 33,9 por ciento. Sobre los agre­sores, en su may­oría no fueron iden­ti­fi­ca­dos por las víc­ti­mas (53,2 por ciento).

El estu­dio tam­bién iden­ti­ficó que el 24,2 por ciento de las mujeres en el país con acceso a inter­net y un telé­fono móvil han vivido cib­er­a­coso en los últi­mos 12 meses. Los gru­pos de edad que lo sufrieron en un mayor por­centaje fueron de 12 a 19 años con un 32,7 por ciento y de 20 a 29 años con 36,4 por ciento. Esto obtiene mayor rel­e­van­cia ya que, de acuerdo con Olimpia Coral, el Frente Nacional para la Soror­i­dad ha iden­ti­fi­cado, a escala nacional y de acuerdo con los casos que han aten­dido, que el rango de edad de la may­oría de las víc­ti­mas de explotación sex­ual dig­i­tal (es decir, en la que hay un lucro por la ima­gen de su cuerpo desnudo) tiene de 14 a 22 años (aunque tam­bién con­sid­eran que puede haber víc­ti­mas de otras edades).

Enam­oramiento como forma de captación y la uti­lización de per­files fal­sos El caso de Tania no es un hecho ais­lado, sino una metodología estable­cida que uti­lizan estos ciber­crim­i­nales. “Hay un modus operandi como en la trata que se da en el estado de Tlax­cala: enam­oran a las chi­cas [en línea], se ganan su con­fi­anza, se hacen novios vir­tuales y su único obje­tivo es sacar con­tenidos ínti­mos de ellas para sextorsionarlas.

Y ellos ganan doble­mente: con el dinero de la extor­sión y porque tienen packs ofer­ta­dos […], ganan ellos de man­era per­sonal con todas las aporta­ciones que cada per­sona hace en inter­net viendo el pack de sus víc­ti­mas”, explica Olimpia Coral. Según un estu­dio crim­i­nológico de 2015, una de las ven­ta­jas para los agre­sores al usar redes sociales es que así puede cono­cer e inves­ti­gar más acerca de la per­sona obje­tivo a través de lo que esta ha pub­li­cado en su per­fil. Además, el uso masivo de las redes sociales y la facil­i­dad con la que se puede crear una iden­ti­dad falsa, obsta­c­uliza que las autori­dades iden­ti­fiquen y per­si­gan a estas personas.

En esta inves­ti­gación, se des­cubrió que el modus operandi al que usual­mente recur­ren los ciber­crim­i­nales es, una vez estable­cido el primer con­tacto con su obje­tivo, diri­gir la comu­ni­cación a un canal externo a estas platafor­mas (como What­sApp, men­sajes de texto o llamadas).

Pos­te­ri­or­mente los men­sajes y lla­madas se hacen con mayor fre­cuen­cia para ganarse la con­fi­anza de la víc­tima y estable­cer un vín­culo más pro­fundo. En algunos casos el estafador llega incluso a pre­sen­tarle a famil­iares para pre­sion­arla a cumplir con sus deman­das (como man­dar dinero, ir a algún lugar en especí­fico, o com­prarle cosas). De acuerdo con una inves­ti­gación del Sim­po­sio Argentino de Infor­mática y Dere­cho, Face­book es una her­ramienta de uso habit­ual para aque­l­los ciber­crim­i­nales que bus­can come­ter deli­tos como extor­siones, ame­nazas, cor­rup­ción de menores y groom­ing. En este texto los inves­ti­gadores estable­cen que los per­files fal­sos en Face­book pueden ser real­iza­dos de forma man­ual por una sola per­sona o de forma masiva y autom­a­ti­zada por medio de bots.

Tam­bién hay casos en los que los per­files fal­sos en redes sociales son uti­liza­dos por pare­jas o expare­jas para difundir el con­tenido íntimo de las mujeres; en este caso, aunque es otro tipo de vio­len­cia dig­i­tal, podría lle­gar a con­ver­tirse en trata vir­tual, pues el con­tenido íntimo com­par­tido por ven­ganza puede caer en manos de estas per­sonas que se ded­i­can a recopi­lar y vender packs. Yuteita Vale­ria Hoyos Ramos, inte­grante de la Red de Abo­gadas Fem­i­nistas de Puebla y de la Red Nacional de Abo­gadas Indí­ge­nas, dice que, en su expe­ri­en­cia, los casos de vio­len­cia dig­i­tal rela­ciona­dos con difusión de con­tenido íntimo son comunes y que por lo gen­eral es la pareja o la expareja quienes com­parte (o ame­nazan con com­par­tir) las fotos y videos.

Los prob­le­mas con este tipo de casos son, en primer lugar, que cuando solo exis­ten ame­nazas, no se puede denun­ciar. “[Cuando solo ame­nazan] en este delito no podemos ni siquiera decir que hay una ten­ta­tiva, sola­mente se puede denun­ciar cuando [las imá­genes íntimas]ya son pub­li­cadas, com­par­tidas o dis­tribuidas”. En segundo lugar, cuando las imá­genes ya fueron com­par­tidas, las cuen­tas que las com­parten son fal­sas, entonces no hay forma de saber quién es la per­sona que ha cometido el delito.

*El tes­ti­mo­nio de Tania fue com­par­tido a LADO B por el Frente Nacional para la Soror­i­dad, y se cam­bió el nom­bre para pro­te­ger la iden­ti­dad de la víctima.

Edi­ción: Leti­cia E. Becerra Valdez

Sucrí­bete a nue­stro canal en Youtube : Viviendo Mi Ciu­dad

Deja tu opinión o com­pártelo en tus redes





Comen­tar­ios poten­ci­a­dos por CCom­ment

Compártelo

Síguenos

Com­partelo!

Síguenos

Busca en ViviendoMiCiudad

IR al Inicio de ViviendoMiCiudad

atadigi

SemMéxico/​SemLac, Cd. de Méx­ico, 11 de abril, 2022.-

Tania* cono­ció a un chico a través de inter­net. Después de un tiempo se volvió su novio vir­tual, y durante tres meses solo tuvo inter­ac­ción con él a través de redes sociales. En ese lapso, él logró ganarse su con­fi­anza y le solic­itó fotografías de con­tenido íntimo. Inmedi­ata­mente después de man­dar­las, él la sex­tor­sionó y le pidió un depósito a una cuenta de Oxxo (que no nece­si­tan tener reg­istro ni nom­bre de quien las solicita para usarse).

Tania decidió deposi­tarle pen­sando que con eso acabaría el con­flicto; sin embargo, a lo largo de seis meses, él con­tinuó con las ame­nazas, gen­erán­dole ter­ror psi­cológico y reci­bi­endo por su extor­sión unos 10.000 pesos (unos 450 euros).

Lam­en­ta­ble­mente, ella no fue la única víc­tima de este modus operandi. Varias chi­cas de la misma uni­ver­si­dad a la que Tania asistía tam­bién fueron extor­sion­adas de esa man­era. Y aunque muchas pagaron bajo ame­naza, estas imá­genes ter­mi­naron en recopi­la­ciones (packs) que se vendieron a través de inter­net. Y si una de las chi­cas lograba con­tac­tar a los admin­istradores del sitio para que bajaran sus fotos, les decían que lo harían solo a cam­bio de que ellas les pro­por­cionaran fotografías o videos de otra chica.

Este tes­ti­mo­nio ejem­pli­fica cómo este tipo de ciber­crim­i­nales hacen uso de inter­net, de las redes sociales y de las her­ramien­tas dig­i­tales para crear redes de explotación sex­ual que vio­len­tan a las mujeres, incluso sin reten­er­las físi­ca­mente, para lucrar con su cuerpo y su intimidad.

Una evolu­ción del fenó­meno de la trata de per­sonas que pasó de lo físico a lo vir­tual, al ter­reno de lo online. Si bien no hay estadís­ti­cas especí­fi­cas al respecto, Inegi (Insti­tuto Nacional de Estadís­tica y Geografía de Méx­ico) da una pista del tamaño del prob­lema: de julio 2018 a agosto 2019, 9,4 mil­lones de mujeres de ese país sufrieron cib­er­a­coso; y las más vul­ner­a­bles a este tipo de vio­len­cia tienen entre 12 y 29 años.

El impacto de la tec­nología en la trata sex­ual de mujeres y niñas Diver­sas inves­ti­ga­ciones rev­e­lan cómo la tec­nología tam­bién se usa para facil­i­tar la captación de mujeres y niñas, a través del enganche por enam­oramiento en redes sociales o con ofer­tas de tra­bajo fal­sas, para después trasladar­las de su lugar de ori­gen al lugar donde serán explotadas sexualmente.

Sin embargo, es impor­tante destacar que el impacto de la tec­nología en este delito tam­bién ha per­mi­tido la exis­ten­cia de nuevas for­mas y medios de come­terlo (como las sex­tor­siones o la venta de packs), de las cuales hay poca inves­ti­gación y datos ofi­ciales por parte de las autori­dades, lo que difi­culta su aten­ción y pre­ven­ción, a pesar que su exis­ten­cia se ha señal­ado desde hace var­ios años prin­ci­pal­mente por parte de las orga­ni­za­ciones no gubernamentales.

Si bien gra­cias al tra­bajo de orga­ni­za­ciones fem­i­nistas como Luchado­ras y el Frente Nacional para la Soror­i­dad, al menos desde hace seis años se ha vis­i­bi­lizado e inves­ti­gado más el tema en Méx­ico, hay antecedentes doc­u­men­ta­dos que datan de 2005.

Como la inves­ti­gación de la espe­cial­ista aus­traliana Kath­leen Maltzahn: Peli­gros Dig­i­tales: Las tec­nologías de infor­ma­ción y comu­ni­cación y la trata de mujeres, donde enfa­tiza que el uso de la tec­nología no solo se limita al reclu­tamiento y captación de víc­ti­mas, sino que tam­bién es un gran mer­cado donde con­seguir clientes a través de las diver­sas platafor­mas. Inter­net es un canal per­fecto y rápido para que los mis­mos usuar­ios com­par­tan los lugares donde pueden acceder a mujeres de forma física o sitios de inter­cam­bio y venta de fotos y videos. La espe­cial­ista plantea que, aun cuando a una mujer no se le traslade físi­ca­mente, en tanto se generen ganan­cias a par­tir de imá­genes de su cuerpo que se ponen a dis­posi­ción del público en el mundo entero –y por el daño que las imá­genes vir­tuales cau­san a estas mujeres-​, habría que replantear si ese fenó­meno pudiera tratarse de un nuevo tipo de trata.

El mismo texto se señala que, uno de los desafíos para hacer la conex­ión entre la tec­nología y la trata es ligar las imá­genes y videos de con­tenido íntimo que hay en inter­net con casos con­cre­tos de mujeres y niñas víc­ti­mas de trata, para después bus­car y ubicar a las per­sonas que salen en las fotos y crear los casos penales con­tra los tratantes. Por otra parte, con­sid­era que quienes defien­den los dere­chos humanos de las mujeres deben tener con­cien­cia de que las imá­genes y videos que cir­cu­lan en inter­net están cau­sando daño a per­sonas reales, ya que se podría caer en la min­i­mización e invis­i­bi­lización de las con­se­cuen­cias que esto tiene en la vida de las mujeres involucradas.

La vio­len­cia dig­i­tal y su relación con la explotación sex­ual En Méx­ico, la inves­ti­gación de esta modal­i­dad de trata, y en gen­eral de la vio­len­cia dig­i­tal de género, la han lle­vado a cabo las orga­ni­za­ciones fem­i­nistas, quienes nom­bran a la difusión y venta de con­tenido íntimo de mujeres en inter­net como trata vir­tual. De acuerdo con la inves­ti­gación La vio­len­cia en línea con­tra las mujeres en Méx­ico, real­izada por la orga­ni­zación Luchado­ras MX, la vio­len­cia con­tra las mujeres rela­cionada con la tec­nología se refiere a: “Los actos de vio­len­cia de género cometi­dos insti­ga­dos o agrava­dos, en parte o total­mente por el uso de la Tec­nologías de la Infor­ma­ción y la Comu­ni­cación (TIC), platafor­mas de redes sociales y correo elec­trónico; y cau­san daño psi­cológico y emo­cional, refuerzan los pre­juicios, dañan la rep­utación, cau­san pér­di­das económi­cas y plantean bar­reras a la par­tic­i­pación en la vida pública y pueden con­ducir a for­mas de vio­len­cia y otras for­mas de vio­len­cia física”.

En esta inves­ti­gación se iden­ti­ficó una tipología de agre­siones dig­i­tales en con­tra de las mujeres que con­sid­era 13 tipos dis­tin­tos de ataques. Uno de esos ataques se denom­ina abuso y explotación sex­ual rela­cionada con las tec­nologías, y se define como un ejer­ci­cio de poder sobre una per­sona a par­tir de la explotación sex­ual de su ima­gen y/​o cuerpo con­tra su vol­un­tad. En este tipo de agre­sión la tec­nología es inter­me­di­aria y fun­da­men­tal para lle­var a cabo la explotación y puede implicar la obten­ción de un ben­efi­cio lucra­tivo o no. Por otra parte, las modal­i­dades de ataque van desde el enganche con fines de trata, al enganche con fines de abuso sex­ual, o al groom­ing (uso de redes sociales para cul­ti­var delib­er­ada­mente una conex­ión emo­cional con menores de edad con fines de abuso o explotación sexual).

Olimpia Coral Melo, del colec­tivo Frente Nacional para la Soror­i­dad y Defen­so­ras Dig­i­tales, explica en entre­vista que de todas las vio­len­cias de género dig­i­tales, la trata vir­tual es la más grave: “Para noso­tras, cuando hablamos de que lo vir­tual es real, nos refe­r­i­mos justo a que la vio­len­cia sis­temática tiene una exten­sión en el espa­cio dig­i­tal, y ya no es nece­sario tener a las mujeres, por ejem­plo, encer­radas en un cuarto, pri­vadas de su lib­er­tad, explotadas sex­ual­mente… ya no es nece­sario ni siquiera que las pen­e­tren para vio­lar­las. Ya por medio de los espa­cios dig­i­tales lo que se tiene es una com­pi­lación de difer­entes packs, videos de mujeres con fines de lucro y de explotación sexual”.

La vul­ner­a­bil­i­dad en el cibere­s­pa­cio De acuerdo con la teoría crim­i­nológ­ica de la activi­dad ruti­naria, la com­bi­nación de agre­sores moti­va­dos con obje­tivos al alcance y la ausen­cia de guardianes o autori­dades capaces, da la opor­tu­nidad a que aumenten los deli­tos u ofensas.

Esto aplica tam­bién al cibere­s­pa­cio. Si bien en Méx­ico no se cuen­tan con cifras ofi­ciales de las per­sonas víc­ti­mas de trata y explotación a través de las platafor­mas de redes sociales y pági­nas de inter­net, el Insti­tuto Nacional de Estadís­tica y Geografía real­izó un estu­dio lla­mado Módulo sobre Cib­er­a­coso (MOCIBA), el cual da un panorama de las con­duc­tas de ciberacoso.

De acuerdo con la última ver­sión de este estu­dio, las mujeres son quienes más sufren de cib­er­a­coso. En el peri­odo de julio de 2018 a agosto de 2019 hubo 9,4 mil­lones de mujeres en el país que sufrieron de este tipo de vio­len­cia. Las tres situa­ciones de cib­er­a­coso que más se exper­i­men­ta­ron fueron: insin­ua­ciones o prop­ues­tas sex­u­ales con un 40,3 por ciento, con­tacto medi­ante iden­ti­dades fal­sas con 35,3 por ciento y men­sajes ofen­sivos en un 33,9 por ciento. Sobre los agre­sores, en su may­oría no fueron iden­ti­fi­ca­dos por las víc­ti­mas (53,2 por ciento).

El estu­dio tam­bién iden­ti­ficó que el 24,2 por ciento de las mujeres en el país con acceso a inter­net y un telé­fono móvil han vivido cib­er­a­coso en los últi­mos 12 meses. Los gru­pos de edad que lo sufrieron en un mayor por­centaje fueron de 12 a 19 años con un 32,7 por ciento y de 20 a 29 años con 36,4 por ciento. Esto obtiene mayor rel­e­van­cia ya que, de acuerdo con Olimpia Coral, el Frente Nacional para la Soror­i­dad ha iden­ti­fi­cado, a escala nacional y de acuerdo con los casos que han aten­dido, que el rango de edad de la may­oría de las víc­ti­mas de explotación sex­ual dig­i­tal (es decir, en la que hay un lucro por la ima­gen de su cuerpo desnudo) tiene de 14 a 22 años (aunque tam­bién con­sid­eran que puede haber víc­ti­mas de otras edades).

Enam­oramiento como forma de captación y la uti­lización de per­files fal­sos El caso de Tania no es un hecho ais­lado, sino una metodología estable­cida que uti­lizan estos ciber­crim­i­nales. “Hay un modus operandi como en la trata que se da en el estado de Tlax­cala: enam­oran a las chi­cas [en línea], se ganan su con­fi­anza, se hacen novios vir­tuales y su único obje­tivo es sacar con­tenidos ínti­mos de ellas para sextorsionarlas.

Y ellos ganan doble­mente: con el dinero de la extor­sión y porque tienen packs ofer­ta­dos […], ganan ellos de man­era per­sonal con todas las aporta­ciones que cada per­sona hace en inter­net viendo el pack de sus víc­ti­mas”, explica Olimpia Coral. Según un estu­dio crim­i­nológico de 2015, una de las ven­ta­jas para los agre­sores al usar redes sociales es que así puede cono­cer e inves­ti­gar más acerca de la per­sona obje­tivo a través de lo que esta ha pub­li­cado en su per­fil. Además, el uso masivo de las redes sociales y la facil­i­dad con la que se puede crear una iden­ti­dad falsa, obsta­c­uliza que las autori­dades iden­ti­fiquen y per­si­gan a estas personas.

En esta inves­ti­gación, se des­cubrió que el modus operandi al que usual­mente recur­ren los ciber­crim­i­nales es, una vez estable­cido el primer con­tacto con su obje­tivo, diri­gir la comu­ni­cación a un canal externo a estas platafor­mas (como What­sApp, men­sajes de texto o llamadas).

Pos­te­ri­or­mente los men­sajes y lla­madas se hacen con mayor fre­cuen­cia para ganarse la con­fi­anza de la víc­tima y estable­cer un vín­culo más pro­fundo. En algunos casos el estafador llega incluso a pre­sen­tarle a famil­iares para pre­sion­arla a cumplir con sus deman­das (como man­dar dinero, ir a algún lugar en especí­fico, o com­prarle cosas). De acuerdo con una inves­ti­gación del Sim­po­sio Argentino de Infor­mática y Dere­cho, Face­book es una her­ramienta de uso habit­ual para aque­l­los ciber­crim­i­nales que bus­can come­ter deli­tos como extor­siones, ame­nazas, cor­rup­ción de menores y groom­ing. En este texto los inves­ti­gadores estable­cen que los per­files fal­sos en Face­book pueden ser real­iza­dos de forma man­ual por una sola per­sona o de forma masiva y autom­a­ti­zada por medio de bots.

Tam­bién hay casos en los que los per­files fal­sos en redes sociales son uti­liza­dos por pare­jas o expare­jas para difundir el con­tenido íntimo de las mujeres; en este caso, aunque es otro tipo de vio­len­cia dig­i­tal, podría lle­gar a con­ver­tirse en trata vir­tual, pues el con­tenido íntimo com­par­tido por ven­ganza puede caer en manos de estas per­sonas que se ded­i­can a recopi­lar y vender packs. Yuteita Vale­ria Hoyos Ramos, inte­grante de la Red de Abo­gadas Fem­i­nistas de Puebla y de la Red Nacional de Abo­gadas Indí­ge­nas, dice que, en su expe­ri­en­cia, los casos de vio­len­cia dig­i­tal rela­ciona­dos con difusión de con­tenido íntimo son comunes y que por lo gen­eral es la pareja o la expareja quienes com­parte (o ame­nazan con com­par­tir) las fotos y videos.

Los prob­le­mas con este tipo de casos son, en primer lugar, que cuando solo exis­ten ame­nazas, no se puede denun­ciar. “[Cuando solo ame­nazan] en este delito no podemos ni siquiera decir que hay una ten­ta­tiva, sola­mente se puede denun­ciar cuando [las imá­genes íntimas]ya son pub­li­cadas, com­par­tidas o dis­tribuidas”. En segundo lugar, cuando las imá­genes ya fueron com­par­tidas, las cuen­tas que las com­parten son fal­sas, entonces no hay forma de saber quién es la per­sona que ha cometido el delito.

*El tes­ti­mo­nio de Tania fue com­par­tido a LADO B por el Frente Nacional para la Soror­i­dad, y se cam­bió el nom­bre para pro­te­ger la iden­ti­dad de la víctima.

Edi­ción: Leti­cia E. Becerra Valdez

Sucrí­bete a nue­stro canal en Youtube : Viviendo Mi Ciu­dad

Deja tu opinión o com­pártelo en tus redes





Comen­tar­ios poten­ci­a­dos por CCom­ment

Compártelo

Síguenos

Com­partelo!

Síguenos

Busca en ViviendoMiCiudad

top